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Volverá a pasar…

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Sólo puedo describir aquello a lo que pongo imágenes. Si son sentimientos los visualizo como si de experiencias sensoriales se tratasen, luego los paso al papel; no sé hacerlo de otra manera. Esta noche me desperté y reparé en el calor de tu cuerpo. Abrí los ojos y vi tu cara pegadita a mi brazo. Respirabas acompasadamente, se te veía tranquilo y seguro. Así me sentí yo. Una gran ternura me embargó y te habría comido a besos lindos de amiga, dulces de amor, al final de pasión arrebatadora… Mientras me volvía a dormir recordando mi promesa de no tocarte, era feliz.

No puedo explicar porque me encuentro tan increíblemente bien contigo. Es algo tan profundo que engloba toda mi esencia. Todos los elementos se confabulan “contra” mí para impedir que pueda escapar de tu gravitación. No hay transición entre los dos. Cuando estamos juntos yo sólo noto uno. Yo misma pero mayor, más grande, más fuerte, mejor. Es tu piel, es tu olor, es tu mente, es como si fueran la míos. Cuando no estás desconfío. Me asalta la inquietud. Te busco defectos,  y si no los encuentro los invento. En cuanto te veo, se me llena el alma y me río de mi inseguridad. Te miro a los ojos, y ellos me hablan sin que tú digas palabra. Entonces sé si me quieres mucho, poco o nada. Entonces no tengo miedo.

Yo no soy así, no era así, siempre he sido así. Eres tú, soy yo, somos los dos o ninguno. Es así el amor verdadero, así es mi amor, no lo es.

¿Qué más da?

No tengo idea, y creo que no quiero saber. Dure lo que deba de durar, siga con la misma intensidad o una mayor o menor, sea especial perpetuamente o evolucione a corriente. Ahora, es extraordinario y con eso me basta.

He pasado toda la mañana en casa medio acostada en un sillón tapada hasta las orejas con una manta y la calefacción al máximo. Estoy resfriada otra vez. Las horas en duermevela dan mucho de si, y he estado dandole vueltas a lo que me dices cuando no te cuento lo que pienso y espero que tú sepas leerlo en mi cara.

Me cuesta expresar mis sentimientos en voz alta. Te los digo con los ojos, una sonrisa, una mueca, un suspiro repentino de placentera felicidad o un resoplido de ofuscación. Los silencios me delatan más que las conversaciones.

Cuando escribo me pasa justo lo contrario. Pero tienes razón al querer que los exteriorice, entiendo que mi demanda es una prueba de adivinación, lo que no se dice puede inducir a confusiones, quizás frustraciones perfectamente evitables con un comentario a tiempo. Por mucha conexión que exista, sólo uno mismo conoce en toda sus extensión su propio pensamiento, sus sensaciones o impresiones. Y claro, como no voy a estar escribiendo notas a todas horas (hay momentos en que entorpecería más que ayudar) sería interesante hacer un esfuerzo y al menos susurrar lo que siento…

Mientras te diré que me encanta estar contigo, que cuando estoy lejos y te olvidas de mí por unos días, echo en falta tu sonrisa, tu mirada, tus preguntas. Añoro tu olor, los besos, las caricias e incluso sentir tu presencia cercana aunque no estemos físicamente juntos.

Creo que para empezar es aceptable ¿no?

Si no tengo pareja, es porque soy muy exigente. Y  las que si tienen ¿qué es? ¿por qué son poco?

Resumen de ocho años

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Enfermedad crónica

Una tempestad de olas desenfrenadas chocando contra el acantilado, donde yo soy la roca que mantiene la compostura y mira más allá de la espuma intentando imaginar un mar en calma. Uno que acaricie mis aristas para redondearlas, en un ir y venir de mareas suaves. Y cuando al fin llega la calma, una inquietud incrustada esperando los vientos que anunciaran el temporal.

Jarrón imperfecto

Cómo ser algo que no se es, cómo estar a la altura de algo a lo que no se aspira. Decepcionar constantemente, mientras la frustración del propio desengaño va apagando tu luz poco a poco. Flores que luchan por resistir con esplendor, aún en un agua cada vez más turbia. No querer aceptar que nunca os habéis entendido. Que nunca tuvisteis nada en común y que algo llamado feniletilamina os enredó. Y aún así, recordar para siempre el tiempo en que su calor te calentó más que el sol.

Final del amor

Tristeza, pena infinita. Lágrimas que no cesan en un no entender porque se deja escapar lo que la mayoría persigue. Agua salada, convertida en crestas de olas cada vez más altas, que ciegan el horizonte y lo llenan de infinito desaliento. Y saber que te dio su cien por cien y no te basto …“y si tu magia ya no me hace efecto, cómo voy a continuar, si me sueltas entre tanto viento, cómo voy a continuar”.. yo que …”Mataría monstruos por ti, solo tienes que avisar”(Love of Lesbian)… Avisar, tienes que avisar; porque tu alma puede desgañitarse; pero olvidaste que es muda y solo tú las escuchas. Exiges lo que nunca has pedido y como un cactus que nunca ve el agua te vas encogiendo y ya eres toda agujas.

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Procrastinar, del latín «procastinare», yo lo llamo dejarse llevar…

CONTINUAR

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…»usted ama
se transfigura y ama
por una eternidad tan provisoria
que hasta el orgullo se le vuelve tierno
y el corazón profético
se convierte en escombros

usted aprende
y usa lo aprendido
para volverse lentamente sabio
para saber que al fin el mundo es esto
en su mejor momento una nostalgia
en su peor momento un desamparo
y siempre siempre
un lío»…

Mario Benedetti

Ya no tengo plantas, apenas leo y no escribo nada. Siento cada mañana mi espíritu erguirse en busca de otros anhelos y con el transcurso de las horas, ir aletargándose para superar una jornada más.

Se me pasan los días, las semanas, los meses y no encuentro la armonía. Enfrascada en un peculiar equilibrio entre querer seguir hacia adelante y no olvidar lo aprendido, no consigo poner el alma en lo que hago. Casi un año y medio después no encuentro un lugar que sienta mio y me disperso buscando un objetivo para una nueva vida que nunca imaginé que tendría.

TRAINING

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Para casi todo en esta vida hay que tener cierto entrenamiento. Del deporte, ni hablemos, aún sigo descubriendo nuevos músculos capaces de producir dolor. Para salir de marcha, incluso con menos años, cuando volvías a los bares después de alguna etapa de clausura (benditos años de exámenes) había que ir con cuidado con la primera cerveza.

Vivir con alguien, según nos hacemos mayores, se va convirtiendo en una prueba para profesionales. Tengo una amiga soltera que ve mucho más fácil que una divorciada se vuelva a casar, que hacerlo ella. Dice que ya está mayor para acostumbrarse. Creo que quiere decir que carece del entrenamiento adecuado para la convivencia y no está dispuesta a soportar las agujetas de los roces. 

Supongamos que queremos pescar ¿Hace falta practica? Depende. Si lo que quieres es coger cualquier pececito hambriento que vaga sin rumbo definido, pues obviamente no. Con cualquier cebo picará, aunque carezcas absolutamente de pericia. Ahora, si tu objetivo es el gran blanco: Debes asumir riesgos y debes saber cómo lo llevas a cabo. La experiencia es ¿imprescindible? olvídate de quedarte en la seguridad del litoral. Hay que navegar hasta alta mar. En la orilla hay demasiados peces insustanciales, pocos escualos y muchísimos pescadores. Allí tus posibilidades son exiguas. Debes buscar más lejos, pero cuidado con las profundidades. Allí viven los abisales. Muy especializados. No hay más que ver al que lleva la lucecita balanceándose delante de la boca y en cuanto un incauto se acerca lo suficiente se lo zampa sin miramientos. Este tipo de capturas sirve como trofeos momentáneos pero su sabor es complicado de asimilar y ni que decir tiene que meterlo en tu acuario puede ser un grave error. Claro que comerse al tiburón tiene una digestión peculiar y si lo que quieres es cuidarlo, uhmmm, también necesitarás unas condiciones muy específicas.

Quizás lo más fácil sea volver a dejar que la suerte del principiante inexperto te acompañe… 

MALAS, ENTRETENIDAS Y OTRAS.

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Subes a un autobús. Te espera un viaje de cinco horas. Lo más relajante sería intentar dormir, aunque fuera sólo un ratito. También está la música. Si pudiera leer sin marearme, sería otra buena opción. Como último recurso me queda la película. No digo yo que siempre sea pésima, a veces es buena y otras, diferente. Eso último, ha ocurrido hoy.

“A serious man” De los Cohen. Empieza con un corto de dibujos animados. Me encantan las películas de animación y me he apresurado a conectar los auriculares. Hablaban en otro idioma, yiddish, creo. No puedo decir que estos primeros minutos me hayan entusiasmado. No obstante, eran un tanto ¿enigmáticos? No sé, quizá esa es la impresión que me han dejado a mí. Después han transcurrido las casi dos horas de película. Cuando (por fin) ha terminado me ha quedado la misma sensación, más bien desazón, que con el corto. No estoy diciendo que fuera mala. No lo es. Al principio mi interés se ha hecho el remolón, resistiéndose a mostrarse. No es que con la sucesión de escenas la cosa haya mejorado. Ha sido algo más parecido a: ¿Pero esto no va a cambiar? ¿Este tío va a continuar con esa actitud todo el tiempo? Y con esa incertidumbre me he tragado todo el largometraje. Tampoco tenía muchas mejores opciones, todo hay que decirlo. Lo curioso es que a pesar de lo poco que me ha gustado, el resto del viaje he seguido reflexionando sobre ella. Un cambio brusco en lo que consideramos estable de nuestra vida ¿ha de modificar nuestro carácter, nuestra personalidad? ¿Podemos dar una respuesta al entorno social, distinta a la que daríamos si todo continuara igual? ¿Somos, realmente, capaces de cambiar?

Hace unas semanas fui al cine a ver “The Artist”. También me costó engancharme al argumento. Nunca me han llamado la atención las películas mudas. Tardé al menos veinte minutos en dejar de pensar que el tiempo transcurría demasiado despacio y que aquella pantalla era demasiado gris y no se oía nada de lo que supuestamente estaban diciendo. Transcurrido este tiempo, conseguí sumergirme en la trama y dejé de esperar que hablaran. Al final hasta me sobraban las leyendas. Las expresiones en las caras de los actores eran magníficas y se agradecía que superaran sobradamente la calidad de muchos diálogos insustanciales. Me encantó y en cuanto salí de la sala, la olvidé.

ESTOY DE VUELTA

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Un mes sin escribir es demasiado. No me vale la excusa de «no tengo tiempo» porque si algo me sobra es eso. Quizá me falten ocasiones. Sentarme, respirar y dejar que las palabras se sucedan.

En fin hoy es mi segundo día de gimnasio y esa es, mejor diré era (para darme ánimos no más), otra de mis causas perdidas. No tengo muchos vocablos para describir la experiencia. En realidad  es una interjección: ¡Ay! Porque me duele todo. Hasta ese pequeño musculo que ni siquiera tenía constancia de su existencia. No me siento mejor, ni más feliz y no tengo ningunas ganas de volver mañana. No llego a entender porque dicen que el deporte es bueno. Excepto nadar, para mí todos los demás (practicados de forma regular) son un autentico martirio. Pero he mentido, no todo es tan negativo. Siento una profunda satisfacción de haber sido capaz de aguantar todos los ejercicios. A lo mejor se refieren a esa incongruente sensación los que aman el deporte…

PSICOLOGÍA INANIMADA

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Voy conduciendo y una lucecita amarilla con forma entre alcuza y batería se me enciende en el salpicadero. La miro más con curiosidad que con preocupación. Segundos después el motor se para. Aprovecho la inercia para desviarme al arcén, mientras pongo las luces de emergencia. Respiro profundamente antes de volver a arrancarlo.¡Uf!, no quiero ni pensar que no funcione. No me apasiona conducir. No me interesan los motores de los coches. Y no me apetece nada la idea de quedarme tirada en la circunvalación esperando a la grúa. Además llego tarde, por eso he cogido el coche. Giro la llave y… arranca. En los quince minutos que dura el viaje vuelve a pararse dos veces más. Ahora sí que tengo la vista fija en el cacharrito luminoso. Cuando llego a destino saco el libro de las instrucciones. Busco el significado de la señal. Dice algo de un filtro sucio. Mañana a primera hora al taller. Y esta tarde…¡Virgencita, Virgencita que tenga suerte y pueda volver a casa, aunque sea a descansitos!.

Mis plegarias fueron escuchadas. Acabo de salir del taller. Lo han revisado de arriba a abajo, de dentro a afuera. Nada. No le pasa nada. Todo está bien. Al final lo han enchufado al ordenador y ha cantado. Sano como una pera. Me dice el mecánico que es una avería frecuente. Y yo me pregunto ¿qué avería? Si no tenía ningún problema real. Increíble. Psicosomático. Igual que las personas. Se creía que estaba “enfermo” y sin causa real se paraba. Menos mal que todavía no sabe deprimirse. O a lo peor sí y era eso lo que padecía. Después de reiniciarlo el aviso ha desaparecido y ya no se cala. Por si las moscas, le he hablado con cariño y lo he mimado cambiándole el aceite y su filtro. Ahora va suavecito, suavecito y no enciende luces raras, debe estar contento.

ANEXO A PERFECTO

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A petición de algunos comentarios

PERFECTO

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Conocía a una gerbera de hermosos pétalos naranjas. Cuidada con esmero, lucía esplendorosa. Se mudaba con frecuencia. Un transplante a tierra cada vez que llegaba a un sitio nuevo era impensable, por lo que vivía en una maceta de regio porte. No le incomodaba. Había aprendido a conformarse. A vivir contenta. Sobrevivir no era un problema para ella. Pequeñas inconveniencias, grandes. Todas eran superadas en su tierno entorno.

Con los años el sustrato que la cubría fue empobreciéndose. Empezó a echar en falta las sales minerales, más luz para la fotosíntesis, calor que la calentara en los días fríos. Se sentía secar.

Habría podido, pero no quería seguir sin esplendor. Era orgullosa y algo vanidosa. Bajo ningún concepto tendría flores mustias. Cavilaba, meditaba. Comenzó a mirar a otros balcones. Pensó que quizás estaría mejor en otro lugar, en un tiesto nuevo, más pequeño, de otro color, en un clima distinto.. Mientras, seguía esparciendo su perfume, mostrando sus colores. Un día, cuando más distraída estaba, ¡Zas!

De un momento para otro se encontró con la libertad. Plantada directamente en la tierra sin ningún recipiente que le coartara el crecimiento. Podía extenderse hacia donde quisiera, en la forma y en el momento que más le apeteciera.

El cambio fue tan brusco que al principio la sumió en una profunda tristeza. Durante meses languideció sin saber muy bien que hacer con tanto espacio. Poco a poco fue habituándose. Buscando la mejor manera de erguirse, lanzó sus raíces en todas direcciones tratando de encontrar la estabilidad perdida y sin darse cuenta, en un sin querer, se halló en el lugar que buscaba.

Uno dulce, caliente, que le impregna los sentidos con su aroma. Incomparablemente suave. Tanto como una gota de agua fresca deslizándose por uno de sus aterciopelados pétalos. Ahora el sol luce radiante para ella. Ya no ha vuelto a sufrir estrés hídrico. De vez en cuando las brisas la agitan asustándola, pero pasan rápido y le sirven para desprenderse de las flores marchitas. Después, con el pensamiento aireado, se siente libre y segura.

Un sitio extraordinario en casi todos los aspectos. Casi, porque en la perfección no hay vida y ella quiere vivir en él.

ADIOS 2011

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Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un reporte para el año 2011 de este blog.

Aqui es un extracto

Un tren subterráneo de la ciudad de Nueva York transporta 1.200 personas. Este blog fue visto alrededor de 3.800 veces en 2011. Si fuera un tren de NY, le tomaría cerca de 3 viajes transportar tantas personas.

Haz click para ver el reporte completo.

TEMPLADO 2 Y MÁS COSAS…

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Las pre-vacaciones es lo que tienen. Se te acumulan las fiestas. Estos últimos días he estado en una jornada gastronómica (reunión de amigos donde cada pareja lleva un plato, que después de ser catado será sometido a juicio) y en una exposición pictórica.

Lo más fácil sería empezar por la última, puesto que el recuerdo es más cercano y por lo tanto más fácil de describir… lo estoy meditando. Uhm… creo que lo voy a hacer.

Tengo un amigo que pinta. No lo hace mal. Dudo mucho que pase a la historia por tal actividad. Claro que tampoco yo soy una experta. Ayer hizo una exposición en una galería. Para el que desconozca la formula, paso a describírsela:

  1. Pintas unos cuantos cuadros, entre diez o quince, para que  no quedar escaso.
  2. Pides a los amigos que tienen un lienzo tuyo que te lo presten para la muestra.
  3. Los cuelgas todos, los nuevos y los prestados,  en una sala con ambiente.
  4. Invitas a toda tu familia, amigos, conocidos…
  5. Das una copa y unos canapes.
  6. Te haces con una hoja de puntos rojos de pegatina para indicar cual está vendido.
  7. Les pones precios razonables a tus obras «maestras»

Creo que no he olvidado nada. Ya eres un artista consagrado.

Una reunión entretenida, cuando menos curiosa. No voy a comentar ninguna de las calidades de lo que allí se ofreció (lease: cuadros, local, vino, canapes, temperatura ambiente…) que luego me critican por negativa. Claro que esto es como lo de «yo no digo nada, pero lo digo todo». En cualquier caso que cada cual entienda lo que quiera entender.

A destacar: la asistencia de una persona al evento. La protagonista de «Templado». He de reconocer que esta vez me sentí mucho más identificada con ella que la primera. En el fondo todas las mujeres tenemos algo de cazadoras. No es que ella dejara de ser toda una profesional. Lo intentó. Es que esta vez fracasó a pesar de toda su maestría. Antes de que empezará mi ataque de solidaridad femenina, la estuve observando. Seguro que todos hemos visto el clásico documental de africa donde el ñu es acosado por el cocodrilo. Normalmente uno se pone de parte del desvalido ñu. Normalmente. Ves como el mamífero intenta cruzar el río y el cocodrilo astuto lo espera hasta que no tiene vuelta atrás. Le lanza su bocado mortífero. El animal intenta escapar y lo consigue, en parte, porque el depredador es más rápido y vuelve a cazarlo, hincándole esta vez toda la dentadura en el cuello. Vale, esa es la imagen salvaje. Ahora visualicémoslo en seres humanos. Ella localiza a la presa. Se acerca sigilosamente. Entabla entrañable conversación. Sonríe como si le fuese la vida en ello. La aproximación es total… Ya lo das por «cazado». Entonces el hombre se escabulle integrándose en un grupo más numeroso, donde se siente a salvo. No se sabe bien cómo, ni porqué. En realidad, no entendemos nada. Creíamos que quería ser «devorado». -No tiene importancia-, se dice ella, a si misma. La paciencia es una gran virtud. Vuelve a ubicarlo. Ataca de nuevo. Esta vez va directa a la yugular… y nadie sabe cómo y contra todo pronóstico, fracasa otra vez. La cazadora, no acostumbrada a perder se siente desorientada. ¿Qué ha fallado?

Ella, dentro del agua, no puede ver toda la exhibición. Yo sí lo he observado. Hay más cocodrilos en el río. Lástima. Me gustaba este en particular.

META

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Nunca perseguí la gloria
ni dejar en la memoria
de los hombres mi canción.
Yo amo los mundos sutiles,
ingrávidos y gentiles
como pompas de jabón.
Me gusta verlos pintarse
de sol y grana, volar
bajo el cielo azul, temblar
súbitamente y quebrarse (Antonio Machado)

Hace casi dos años que no recordaba este poema. Entonces lo recitaba con frecuencia. Ahora alguien lo ha oído en la televisión y acordándose de mí, me lo ha enviado por correo electrónico. Lo he leído despacio, recreándome en las imágenes y con tristeza he comprobado que nada cambia. Puede parecerlo. Una ilusión. La esencia, permanece.

TEMPLADO

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Noche de celestinos. Organizamos una cita sorpresa para dos amigos (él más que ella). La verdad es que no fueron a ciegas. Ya sabían a lo que iban. Él llegó primero. Ella se hizo esperar. Ya se conocían. De hecho y en palabras de la promotora del evento: habían cruzado, hacía unos meses, algún que otro beso «tontucio». De palique, entre cervezas y vinos mientras llegaba la princesa, pasaron varias rondas.  Por fin entró por la puerta. Venía a medio tacón, opté por considerarlo una buena señal, dada la poca altura de nuestro principe pretendiente. La cosa prometía.

Nada más llegar demostró su profesionalidad. Porque en esto de las relaciones hay gente que tiene una capacidad muy superior a la media. Con voz dulce y jovial, llena de ingenuidad nos dijo que no estando segura del día, había quedado con otra amiga. Nos miramos comprendiendo de inmediato su treta. Había urdido un plan sencillo que le permitiese una cómoda evasión, en caso de que no fuese de su agrado la reunión. Diligentemente observó a los hombres congregados. Los clasificó en aptos, no aptos y dudosos. Despejó las incertidumbres y le quedaron dos. Comenzó tanteando ambas posibilidades. Fue interesante observar como iba cambiando su ubicación en el grupo en función de sus objetivos. Tuvimos que reprender al segundo en discordia, porque andaba ciertamente despistadillo. Le explicamos lo que tratábamos favorecer y pareció que nuestra apuesta ganaba terreno. Quizá pecamos de descarados, al principio era fácil mantener la discreción, pero la velada avanzaba y el alcohol iba haciendo su efecto. Cuando empezaron las proximidades, los recaditos al oído y las cogidas por la cintura, perdimos toda la compostura. Es muy posible, por no decir seguro, que la amiga salvavidas nos oyera y le diera el aviso. El caso es que todo quedó en agua de borrajas. A una hora prudencial, tampoco vamos a decir que la muchacha se marchó en seguida, ambas colegas sonrientes se despidieron de nosotros. Ella, con la promesa de regresar, cosa que no sucedió.

No tengo noticias si se ha producido otra cita de la que no tengamos conocimiento, puede ser, la navidad está cerca y los planes no caen del cielo. Lo que sí sé, es que al día siguiente, los que no habían podido asistir llamaron todos para interesarse por el desenlace. Uno piensa que a esta edad, que llaman mediana, esas cosa importan poco o nada. Error. Por más viejos que nos hagamos, no cambiamos. Nos encanta hacer de alcahuetos.

CONJETURAS

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La otra noche tuve que salir bastante tarde. Un poco soñolienta, ya en el ascensor, me iba colocando la bufanda. Llego a la planta baja, dejo de mirarme al espejo, se abre la puerta y… me encuentro a mi vecino desabrochándose la camisa. ¡Dios! De repente ya no sabía para que tenía que salir. Mi consciente queda en suspenso y allí parada, sin poder quitarle los ojos de encima, me quedo mirándolo fascinada. Siento como mis labios se distienden buscando la sonrisa y me obligo a permanecer relativamente seria. Aguantándome la risa, le doy las buenas noches, todo lo educadamente que puedo y haciendo un ímprobo  esfuerzo, salgo del ascensor para dejarlo entrar al él.

¡Ay! La pena que me dio cuando se cerro la puerta. De repente me vino la imagen de su mujer a la cabeza ¡Qué suerte tienen algunas! o no.

Está tirada en el sofá. Son más de las doce y media. Suenan las llaves en la puerta. Hace rato que se quedó dormida. A las nueve la llamó para decirle que se iba a tomar una cerveza rápida con sus amigos. Parece que han tardado en servirla…

Por el camino, ya con la risa floja, iba pensando: ¿Qué le habrá dicho su mujer cuando lo a haya visto todo despecheretado? ¿Por qué ha empezado a desnudarse en el portal? ¿No quería hacer ruido en casa? ¿Tendría alguna urgencia? Uhmmm… Cuando regrese yo también voy a entrar en casa con la blusa abierta y las medias en la mano… ¡A ver que me dicen!

3. AMIGOS: EL FINAL

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Llueve sin parar. Deseas que el agua arrastre todo el rastrojo. Esperas que caiga tanta que se formen riachuelos que con suavidad se lleven las pequeñas raíces sujetas, más por querencia que por voluntad.

Sabes que nada se arranca con dulzura y sientes la tensión de la espera. Ha quedado un cauce profundamente erosionado, ya no hay lágrimas que lo surquen. Lástima que  los últimos sollozos dejaran la puerta abierta y los suspiros se cuelen de vez en cuando.

Amor transformado en cariño, en amistad. La tristeza ha sido tan intensa que sólo un increíble esfuerzo ha sido capaz de atravesarla.

Una historia de amor, con un final de querer.

2. EL JARDÍN PROHIBIDO: TE QUIERO

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Eres feliz. No profundizas mucho, vives y no más. Te gustan las cosas sencillas. Los besos, las manos entrelazadas, la convivencia diaria. Te distraen la casita, los viajes, los libros, las plantas. Poco a poco, sin darte casi cuenta, las cosquillas permanentes se convierten en una pradera mansa de templanza. Piensas, crees, sientes que es así y no ves más allá, no quieres ver. Tienes tu propio jardín. Cierto que no parece primavera. No importa, hay más estaciones y son cíclicas,  te dices a ti misma y una inquietud desconocida comienza a apoderarse del sitio dónde antes vivieron las mariposas. Un día llega la pregunta: ¿Enamorada? Un silencio más prolongado de lo necesario. Buscas, revuelves tu cabeza. Por fin la respuesta. No es un sí. No es un no. Es un: me basta. Pobre solución para mantener el equilibrio. Visto desde la distancia: descorazonador. No sabes, desconoces en que momento ha sucedido. Ya no lo amas, en este momento preciso de tu vida el amor se ha esfumado para dejar tanto cariño que no mientes cuando dices que lo quieres.

Sin apenas darte cuenta  has pasado de la felicidad de vivir queriendo ignorar, a la infelicidad de la insatisfacción. Y digo yo ¿No era mejor dejar pasar el invierno? ¿No volvería el sol a calentar cuando el buen tiempo regresara? Puede ser.

Lo malo de estás cosas es que no afectan sólo a uno. Siempre conciernen a dos, tres… Como dice la canción: …»Lo siento mucho, la vida es así. No la he inventado yo… Me he comportado como un ser humano»… Pues eso.

1. CARICIAS EN TU ESPALDA: EL PRINCIPIO

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Erase que se era una historia con un principio de amor y un final de querer. Que no es lo mismo estar enamorada que decir te quiero.

Llovía de lado con tanta fuerza que tuve que cerrar el paraguas para que el viento no lo arrancara de mis manos. Caminaba por una calle del centro mientras regresaba a casa. El agua chocaba contra mi cuerpo. El pelo completamente mojado asemejaba rastas. El chubasquero empapado, los zapatos como estanques. Debería estar corriendo en busca de resguardo y en vez de eso paseaba lentamente, regocijándome en el sentir del agua resbalando por mi cara. Las imágenes se sucedían una tras otra, inundándome de  complacencia.

Acabábamos de despedirnos, después de pasar toda la tarde juntos enroscados como ramas de madreselva. Su olor, su calor, las inflexiones de su voz aún permanecían en mis sentidos. Era tanta la dulzura del momento que más que andar, flotaba. Notaba el corazón bombear con fuerza. Mi persona irradiaba tanta luz que hasta yo misma era capaz de percibirla. En ese momento habría sido capaz de realizar cualquier cosa. Me sentía enorme cual cordillera y desde su cumbre más alta veía el bullicio del tráfico. No paraba de sonreír por dentro dejando que mi propia felicidad me acariciara.

De vez en cuando echaba un ojo al reloj, los minutos deambulaban más que pasar. En dos horas volveríamos a vernos.

Todo el tiempo del mundo, una vida entera, no parecían suficiente. Quería sus ojos, su sonrisa, sus manos, su alma… para siempre.


SIN ACRITUD

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Continuando con el fin de semana en el campo.

Todos juntos. Dos días completos, con sus mañanas y sus noches. Son muchas horas y hay tiempo para todo. Ellos son amigos. Ellas… también. (¡Uy! Creo que tenía que haber dicho «nosotras») Antes era un grupo más grande. Es lo que tiene hacerse mayor, casarse, tener hijos. Los intereses (la mujer es una bruja, que no te quepa la menor duda) cambian. Claro que si estamos los que estamos pero no estamos todos, ¿qué podemos hacer en recuerdo de los que no han «podido» venir? Evidentemente no queda otra que criticarlos. No por maldad, no. Sólo por hablar de algo, por pasar el rato. Y ya puestos le damos un repasito al mundo mundial y lo dejamos arreglado. Eso sí, con la soberbia que nos caracteriza, porque nosotros nos hallamos por encima de lo humano (de lo divino no, que aún quedan restos del medievo en este país) y podemos hablar y dictaminar que es lo correcto en un plis plas sin que nos tiemble la voz. (Yo soy muy buena en esto último). Y ya que hemos acabado con los conocidos, ¿por qué no terminar también con los anónimos? El placer de enjuiciar observando sin que el espiado pueda percatarse. Me explico. Imagina que te dejan asomarte a una ventana (varias en este caso para no perder la perspectiva) desde las que puedes curiosear a  voluntad a los invitados de una boda. El culmen del cotilleo.  ¡Ay!  Los tocados de las señoras. Esa prenda tan «favorecedora» que se ha puesto de moda para cualquier celebración que se precie. Ni os imagináis el juego que dan. Con forma de platillo volante, de salvamanteles, las plumas, los lazos… y de qué colores.  A veces uno desea que la imaginación de los diseñadores sea un poco más comedida. Repaso completo en busca de la mejor vestida  (los caballero no tiene ningún interés) y superando lo insuperable, no encontramos ninguna, espera… sí, en última instancia salvaremos de la quema a «esa señora de mediana edad» que va de negro. Y me quedo pensando, esa «señora» tiene aproximadamente mi edad. ¿Por qué la llaman así? ¿Cuándo empieza la mediana edad? ¿Me están llamando vieja? Esto se complica… mejor volver con el resto del grupo.

OTROS EN LA COCINA

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Cuando te invitan a pasar un fin de semana de otoño en un cortijo, así de primeras, ya sabes que te vas a hinchar a comer. Si dicen que los platos principales van a ser  fabada y «pollo rancio» (entiéndase: ahogado en aceite rodeado de ajos con piel  y hecho del día anterior) tu bascula empieza a frotarse los muelles. Resignada como un pato al que van a cebar, encoges los hombros y haces la maleta con los vaqueros más grandes que encuentras en tu armario.

Llegamos el viernes por la noche. Sólo ver el desembarco de viveres, ya daba miedo. Curiosamente es la primera vez que voy a un evento organizado por hombres donde hay más comida que bebida. Claro, que al final faltó cerveza y creo recordar que quizá una botella de vino. (Y no es una crítica, apenas un comentario)

Como era la primera vez que acudía todo me parecía digno de observación y en general interesante. Lo que más llamó mi atención fue que ninguna mujer se acercara al fogón, a no ser para echar un vistazo fugaz, y todo el tiempo y en todas las comidas los «cocinicas» fueran ellos. Repito una experiencia completamente nueva para mí. Desde una esquina, bien parapetada detrás de una copa de vino, pude contemplar a mi antojo como los hombres, al menos estos, son muchísimo peores que las féminas ejecutando las tareas domésticas en conjunto. Cocinar allí era peor que hacerlo delante de una suegra quisquillosa. No había acción que no fuese diseccionada, comentada y finalmente criticada. Luego nos llaman cotorras porque dicen que hablamos mucho, pero puedo dar fé que un gallinero tiene más momentos de silencio que los que hubo allí. Lo que todo el mundo sabe (menos ellos, por lo que parecía) es que la comida la hace uno. No dos, ni tres y mucho menos cinco. Tantos a decidir si las fabes tienen suficiente sal sólo puede acabar de una manera. Efectivamente: echando agua templada al plato para poder tomárselas sin una concentración tal de cloruro sódico que el cerebro se niegue a dejar que te lo tragues, por temer seriamente por tu salud.

Y ya para acabar, comentar el mayor problema de estas pantagrueladas. El temido dolor vertical. Justo cuando acabas de terminar de engullir. Quieres, pero no eres capaz de tener los ojos abiertos. El botón te aprieta como si llevaras dos tallas menos. Miras alrededor, localizas un par se sofás, un sillón… oh, no has sido lo suficientemente rápido.

Esto es un frugal aperitivo de lo acontecido en el fin de semana, continuara…

NANCY

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Ayer estuve de bricolaje. No aprendo que ya estoy mayor para hacer agujeros nuevos, tapar los antiguos y cambiar las estanterías de sitio. ¡Qué  más daba dónde estuvieran! Es posible que ahora estén mejor colocadas, la habitación parezca más grande, etc, etc. Pero ¿merece la pena el resultado? Teniendo en cuenta el dolor de espalda/cuello/manos/brazos. Ni hablar. La próxima vez que me dé por modificar la decoración, voy a respirar profundamente, a contar: uno, dos, tres… y si las ganas no se me pasan, cojo el bolso y me voy a la calle, llamando a alguna amiga por el camino para que me convenza de la inutilidad de mi esfuerzo.

Hoy estoy agotada (y muerdo, si alguien se atreve a decirme que no estoy en forma). Esta mañana, volviendo a las tareas «propias de mi sexo», he cogido el carro de la compra para  ir al supermercado. Tenía poco tiempo, así que iba rápido. Empujando rauda y veloz mi porta avituallamientos con ruedas de última generación he chocado con un escalón. Obviamente porque no he calculado bien su altura debido al cansancio. El caso es que la inercia casi me hace volar por encima del carro y pegarme un trompazo de categoría. Pero he aquí que dos señores que debían sumar entre los dos más de ciento cincuenta años, caminaban tranquilamente a la misma altura que yo en el momento del incidente. Uno preocupado, me ha dicho : -¡Mujer, que te vas a matar!-, el otro (que debía ser más «granaino» con lo que ello conlleva para el carácter) ha sonreído mientras comentaba: -¡Ay que ver!  ¡Ya le dan el carné a cualquiera!-. 

Lo dicho, no vuelvo a coger un taladro, palabrita.

EL COLOR

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De un intenso negro poco frecuente. Miro dentro y es como estar dentro de un bosque de coníferas, tan apretadas unas contra otras que la luz solar tiene el paso prohibido. Casi siempre interrogativos, sin cesar de captar información del exterior, parecen nunca estar conformes con lo que ven, y aún así, muestran el proyecto de asumirlo en un futuro.

A veces, sólo unas pocas, su inquietud descansa y un brillo infinito, como nada más que la ausencia total de color puede brindar, se escapa furtivamente. Entonces, buceando en ellos, me hallo segura. Protegida. Siento que el sol me calienta la piel en un día frío del final del  invierno, que ya sólo me esperan primaveras, que ya tu mirada nunca me abandona.

Tus ojos son profundos como el mar que adoro, intensos como la pasión que me hacen sentir, azabaches como las noches oscuras en las que me abrazas.

RECUERDOS

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Padres de una amiga todo el fin de semana fuera. No se puede perder tiempo. Cinco días  para hacer las listas, llamar, invitar, calcular presupuesto, recoger dinero. Ha llegado el día. Toda la mañana comprando las bebidas. Las tortillas y las medias noches le han tocado a otras. La tarde, adecuando las habitaciones para la fiesta. Corriendo a tu casa. Se acerca la noche. Vestido y zapatos nuevos. Hay que arreglarse rápido. Tienes que regresar antes de que empiecen a llegar los invitados.

Hay mucha gente. Saludos, besos, sonrisas, comentarios entrecortados por la música. En una semi oscuridad anaranjada, la velada transcurre alegre y bulliciosa. Amigos, conocidos deambulan charlando, picoteando aquí y allí, bailando en el salón. Cambia la música. Comienzan las lentas. Simon and Garfunkel suena en el tocadiscos. Es una fiesta de niñas, (es evidente: además de bebida también hay comida) todo está programado. Nadie se puede quedar sin bailar. Durante la semana, en los recreos del colegio se discurre la manera. ¡Parejas famosas! Dos bolsas llenas de papelitos escritos con sus nombres. Nada más empezar la fiesta se pasan los saquitos y cada uno extrae el suyo. Así: nadie tiene que preguntar y nadie se queda esperando. Cuando suenan los primeros acordes las miradas se cruzan por el salón. ¿Quién? ¿Quién me va a tocar? ¿Dónde está Daisy? ¿Quién es Marco Antonio? Tú has ido más allá. Has hecho trampa. Ya sabes con quien vas a bailar. No podías dejar a la suerte hacer su trabajo. Empieza el baile.

Los tacones te sobran, estás tan nerviosa que lo pisas varias veces. (Puede que no sean nervios, aún sigues sin saber bailar. Debe ser falta de coordinación) Sonríes todo el tiempo y las palabras no salen de tu garganta (En esto también sigues igual) Piensas, piensas en algo que decir y lo único que haces es seguir con una sonrisa de oreja a oreja (Lo dicho, no has mejorado nada) De repente escuchas la melodía, tienes el propósito de recordarla para la posteridad, tomas aire como si de esa manera consiguieras que entrara en tu cabeza, suena como un suspiro, en realidad lo ha sido. De alivio, por fin le has cogido el ritmo, de tristeza porque sabes que la canción está a punto de terminar y de deseo. Antojo de seguir sintiendo sus manos en tu cintura, el calor de la proximidad, las palabras susurradas en el oído…


COMO EL AGUA

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Cuando no tienes, lo buscas. Cuando por fin lo encuentras, lo temes. A él. A lo que te provoca. A perderlo. Es su sino. Mientras, vives. Los momentos de intensidad no son, si no espacios etéreos y efímeros que nunca perduran,  mas que en el recuerdo, y es su evocación constante lo que proporciona el combustible necesario  para seguir.

Alguien escribió que si quieres saber lo que una mujer realmente dice, no la escuches, mirala a los ojos. Y él la miró pero no vio nada. Tan sólo su risa por cualquier cosa. No sabiendo interpretarla. Creyó que era superficial y entendió su sonrisa silenciosa como pueril. No percibió las estrellas tras su mirada, las luces iluminándole el camino. La dejó pasar, igual que los meses, los años.

Como ríos surcando la tierra en busca de un mar, sus meandros volvieron a encontrarse. Unas veces en  sierras agrestes, en campiñas otras. Se rozaron, jugaron a enredarse sin mezclar sus caudales, y no queriendo ser ninguno afluente del otro, continuaron sus cursos. Esta vez sin perderse de vista, por si en otra ocasión…

EL RESFRIADO

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Amanece un día blanquecino, sabes que el verano se ha terminado. Ha pasado un año. Las aguas parecen calmas y aún así la zozobra no pasa. En permanente movimiento como un nadador perpetuo. Casi sin descanso. ¿Agota o hace más fuerte?

Te sientes débil y un poco mareada. Tomas analgésicos con café con leche muy caliente. Una hora y pico después te sientes eufórica y quieres deshacer el mundo para componerlo a tu manera. Te pones en pie y vuelves a sentir como la cabeza no te responde, escuchas a tus neuronas moverse en una masa gelatinosa de tráfico lento. No te encuentras mejor. Es el espejismo del paracetamol. Echas de menos la fiebre que al menos tumba y no deja pensar. Te aburres como los niños. Odias no ser una mocosa en una cama mullida de una habitación llena de muñecos y libros de aventuras. Quieres que tu madre te toque la frente, confirme que tienes la temperatura correcta y te permita levantarte al salón para ver los dibujos. Lamentablemente, al menos en esta ocasión, ya eres adulta y ya estás en el sofá. Tienes el mando de la tele y  has cambiado veinte veces de canal. No pueden elegir peor la programación, igual eres tú la que no vas con los tiempos. Ni siquiera los dibujos te interesan. Un rollo. Leer no puedes, requiere demasiada concentración para el desesperante estado de tu sesera. Hablar por teléfono cansa demasiado, lo que demuestra que estás realmente enferma. ¡Uf! Con lo bien que se está sin hacer nada cuando uno está capacitado para realizar cualquier cosa… Mira que somos raros.




A LA VIDA

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Aire fresquito mañanero que me renueva la piel salada y tostada de todo el verano al sol. Después de dormir doce horas me siento descansada y me asombro de la capacidad de la mente para recuperarse de casi todo.  Para caer y levantarse, para empezar, terminar y volver a comenzar. No dejar de escuchar, de observar, de aprender  y luego: no olvidarlo. Siempre permitidos los lapsus de memoria. Los pitagorines (también conocidos en mi tierra como «sabio peroles» ) no tienen buena prensa.

Me levanto con  la supuesta dignidad olvidada y un bienestar de espíritu que me hace cosquillas en el alma, allí donde se esconda.

Últimamente me repiten mucho que las cosas salen mejor con cariño… Me gusta. Un buen propósito para el año más que he iniciado.

LO QUE MÁS ANHELO

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OTRO COMENTARIO AL HILO DEL «ASNO»…

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De Zerozerosiete mandado por mail. Publicado con autorización expresa…(la titular del blog)

RESTAURANTES DE AUTOR…QUÉ COSAS INVENTAN!!!! 

Este año se ha producido un acontecimiento que, desde el punto de vista de los medios de comunicación de masas –y grasas-, ha sido considerado como una hecatombe similar al maremoto de Tailandia, la explosión de Chernobil o la más cotidiana, conocida y padecida por todos…. crisis económica, o como a mí me gusta llamarla “esa que no se acuesta contigo pero vive en tu casa “.

Efectivamente chicos me estoy refiriendo al cierre de “EL BULLI”….

Es cierto, damas y caballeros, ha ocurrido lo inimaginable. Acaso no resultará ser esto un indicio de que, como predijeron los Mayas, el fin del mundo está a la vuelta de la esquina, concretamente el año que viene. Se le estarán secando las neuronas a Ferrán Adriá y quiere dedicar el tiempo que le queda a otros menesteres más provechosos y gustosos, como por ejemplo, comerse una tortilla de patatas con cebolla que no parezca la montera de un torero….¿Decidirán otros ilustres del sector como Bar Los Manolos seguir el mismo camino?

Pero basta ya de banalidades. Parémonos a reflexionar por un segundo…..¿Que supone realmente el cierre de “EL BULLI” para el 99,9999999999999% de la población?………….Justamente….NOS LA SUDA PERO BIEN…….!!!!!!!

No nos engañemos. No seamos víctimas del marketing barato que nos venden….¿qué es eso de ir a un restaurante y salir con hambre?….¿cómo que me das una carta de …..agua? yo había oído hablar de la carta de vinos, de licores e incluso, en determinados locales de Las Vegas, de mujeres….pero de agua!!!!!! Coño, para eso abro el grifo….en mi casa hay 3 y en cada uno el agua sabe de una forma y cuando viene alguien y pide un vaso de agua no le pregunto “¿la quieres del grifo de la cocina o del bidé? Te ofrecería del wáter pero igual es un poco fuerte…..aunque si quieres, puedo sacar mi cosecha privada”

VENGA COÑO seamos serios…está bien lo de ir a sitios especiales y que te ofrezcan cosas especiales como por ejemplo piña que sabe a polvo lunar….¿tú lo has probado? Pues yo tampoco y creo que vamos a seguir igual…..

Me niego a pensar que este tipo de establecimientos aporten todo lo que dicen que aportan. Que sean una experiencia maravillosa e incluso orgásmica…-.eso me lo creería en un restaurante en Las Vegas, que como he dicho antes, ofrece de todo-.

En fin jóvenes, este tipo de locales siempre han existido y ahora se les da más notoriedad porque no hay otra cosa.

Que el cesto del pan está desconchado, la vida sigue igual…

Que la música de ambiente te deja sorda, la vida sigue igual

Que pides un vaso de agua y te preguntan que si la quieres baja en sodio, la vida sigue igual (en este caso puedes decirle al camarero que “de la casa” y quedas mejor que Dios,

Que el Bulli cierra, la vida sigue igual

Que antes salías jueves viernes y sábados y ahora como no te llega te cagas en la puta, LA VIDA NO SIGUE IGUAL

CONCLUSIÓN: pincho de tortilla con mayonesa y cerveza fría……y te tomarás la vida con más alegría.

REPLICA CON FUNDAMENTO

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Queridos amigos,

                Un día de estas últimas y deseadas, que no forzadas, vacaciones, emprendí y asistí a una noble y crepúscula experiencia con el ánimo de hacerla inolvidable, cual fue la de invitar a unos refrigerios a una distinguida y esbelta dama, de estilizada, fina y elegante figura. Queridos lectores, no lo intentéis nunca más, las cenas pueden ser variadas, copiosas, deliciosas, e incluso insípidas, pero jamás pretendáis que alcancen el estatus de inolvidables. Creedme, es un error. Donde se ponga un buen Big Mac, servido, ¿qué mejor que por uno mismo?, en unos famosos, que no afamados, establecimientos, donde las mesas guardan la distancia de seguridad necesaria, y me consta que hay estudios realizados por sus patrocinadores, para evitar la salpicadura y consiguiente mancha de ketchup del vecino de la mesa de al lado, y donde el silencio, de tarde en tarde, se ve interrumpido por una algarabía de estruendos y sonidos que nos evocan y emplazan hacia otros añorados tiempos del siglo V antes de Cristo, y en esa coyuntura, claro está, con ausencia de cualquier tipo de herramienta o utensilio de ayuda a la toma del reputado alimento. Y ¿qué decir de su corte y confección?, cuando es público y notorio que son manipulados cuidadosamente por chefs de Bolibud que altruista, unilateral e indefinidamente, han decidido permanecer en el anonimato. ¡Si Balmein, Gaultier, Chanel, o Saint Lorent, levantaran la cabeza! Y ¿qué decir de las guarniciones, cual querubines, que acompañan a ese exclusivo, exquisito y elaborado alimento?. ¡qué armonía de sabores!, señores, ¡qué deleite para los sentidos!.

                Efectivamente, no está hecha la miel para la boca del asno. Es como el invierno caribeño o la primavera escandinava. Ahí sí que no te equivocas. Claro que siempre nos quedarán las endivias con roquefort, producto difícil de localizar…., dependiendo del lugar en que te encuentres y de la estación del año.

                Insisto, no os compliquéis la vida. No arriesguéis, ni hagáis apuestas de incierto resultado. La mediocridad es la mejor opción, y mucho más cómoda, económica y agradecida que cualquier otra cosa. Atendedme bien, cabezones obcecados. En esto no puede ser uno flexible porque termina malhumorado, y todo, ¿para qué?, ¿eh?….

                Como me entere de que me habéis hecho caso, acabaréis lapidados. Yo mismo lanzaré la primera de las innumerables piedras que impactarán sobre vuestra nimia existencia, y os aseguro que me encuentro sobradamente legitimado. Un poco más de orgullo y respeto hacia uno de los animales cuadrúpedos más representativos de nuestra patria.  

                                                                                                                                                                                  Publicado sin autorización de ningún tipo… (la titular del blog)

NO ESTÁ HECHA LA MIEL PARA…

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No se le puede dar de comer margaritas a los cerdos. Esa es la conclusión. Claro que yo el cerdo es un animal al que tengo en alta estima. No hay que olvidar que en esta vida, a veces, hay que tragarse todo tipo de cosas para sobrevivir.

Una noche de las pasadas vacaciones me invitaron a cenar. El sitio escogido fue un afamado restaurante de un no menos conocido chef, claro que a él por allí no le vimos y a no ser que tenga el don de la ubicuidad, cosa que dudo mucho, es imposible que esté en todos los locales que ha abierto con el reclamo de las llamativas estrellas michelín.

Me arregle como la ocasión requería y merecía. Estaba dispuesta a participar de una gran experiencia culinaria. Vale, lo reconozco, mi disposición no era la más positiva que se puede esperar. Tengo prejuicios contra este tipo de sitios. Me parecen pretenciosos, caros y no suelen convencerme de nada, en particular de la exquisitez de su cocina.

Llegamos puntuales. Estaba lleno. Me fascinó ver que las mesitas estaban prácticamente pegadas unas a otras. Música alta. Bullicio de fondo (otros lo llaman ambiente) Los duendes se habían aliado para conseguir que mi noche fuera un auténtico fracaso. De nuevo debo entonar el ”mea culpa” es verdad que debería haber ignorado esos ínfimos detalles y no permitir que mi espíritu (el malo porque el bueno no tuvo el coraje de aparecer por allí) se envalentonara y empezara a escrutar concienzudamente todos los pormenores. El montón de camareros y demás personal yendo y viniendo a la mesa, intentando de todas las maneras posibles agradar con una sonrisa de anuncio de dentífrico (que no digo yo que no fuera sincera, pero que no hace falta enseñar tanto los dientes para caer simpático) no contribuyeron en nada a apaciguarme. Un rubio con pelo rizado y mucha cara de queso Gouda dijo que iba a ser nuestro camarero. Era holandés, si mal no recuerdo y su nivel de español de principiante. Debió de impresionarle mi sonrisa agradeciéndoselo porque creo que no volví a verle más por nuestra mesa. Mientras me divertía observando lo rozada y gastada que estaba la caja forrada imitación cuero en la que habían traído el pan, los cubiertos llamaron mi atención. Me encantan estos cubiertos modernos que se decantan por el diseño en vez de por la funcionalidad. Porque ¿qué sentido tiene la sierra en un cuchillo?¿Quién quiere usarlo para partir con delicadeza y poco esfuerzo el trocito de lo que sea que te vas a meter en la boca? Que antigüedad, pudiendo meterte todo el pedazo en la boca o lo que es mejor intentar cortarlo a base de presionar la pieza, rezando para que tenga la cortesía de no salir volando.

Mencionare que tengo una cara muy expresiva, o lo que es lo mismo, que se puede leer en letra grande y clara lo que estoy pensando. Mis comentarios puntualizan cumplidamente cualquier duda si la hubiera (conste que no son unas cualidades de las que esté muy orgullosa) La que iba ser romántica y entretenida velada se estaba embrollando y a pesar de que el vino no estaba mal, no consiguía mejorarla.

Los platos, más bien tapas y escasas, no me gustaron ni siquiera un poquito. No voy a ensañarme con ellos, mi gusto es particular y es complicado impresionarme, mucho más si lo quieres conseguir mezclando ingredientes que se pisan unos a otros. Pero allí había mucha gente, supongo que a alguno le gustaría lo que había pedido. A estas alturas de la cena a mi acompañante se lo llevaban los demonios (y eso que desde la segunda tapa, perdón plato, yo no había dicho más de tres o cuatro palabras) así que cuando preguntaron por el postre, pidió la cuenta. Se la dieron con gusto (no veían el momento de perderme de vista) y una mirada furtiva de compasión.

Si es verdad que existe el castigo divino, aquella noche estaba de guardia. Al salir del restaurante, resbalé en la puerta y me torcí un tobillo.

Esta historia es ficción y cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia 

PARA QUEMAR

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Si la corriente me arrastrara con fuerza, enviándome de lado a lado, chocando y golpeándome con los obstáculos que el curso del agua encuentra en su camino, probablemente no me sentiría peor.

En la mitad de mi existencia, suponiendo que llegue a vieja, tengo que escuchar a diestro y siniestro las críticas al desarrollo de mi vida. Acepto la censura a las decisiones propias, pero ¿también a las ajenas? Y en realidad, ¿existe alguna que haya podido tomar por mí, sin ningún tipo de influencia. Creyendo que al menos en lo importante, he hecho lo que me ha apetecido y deseado, miro atrás para descubrir que en que poquitas ocasiones ha sucedido así. No importa. No es fácil elegir. La vida tiene, casi siempre, ideas diferentes a las tuyas. No es algo que me ataña sólo a mí. Le pasa a todo el mundo.

Opto por levantar la cabeza mientras sigo caminando y sonreír para no molestar, para no incordiar a los demás con penas que no pueden solucionar y descubro que sólo el que se queja tiene derechos. Otra vez equivocada. Pienso que soy coherente conmigo misma, pero eso me consuela poco la mayoría de las veces. Supongo que el sol derretirá todas estas mustias y llorosas reflexiones.

Felices vacaciones a todos

PORTABILIDAD

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Primero sientes la química, una irrefrenable atracción que no puedes y en ningún caso querrías reprimir. Los ojos se entienden, los cuerpos se entrelazan, incluso antes de rozarse. El corazón acelera su paso para acompasarse a los sentidos. Con el primer beso prende la mecha y un sinfín de fuegos artificiales comienzan a estallar en luces multicolores. Crees que no puede mejorar y te equivocas. Las caricias te transportan a un mundo imaginario donde todo es brillante, cálido, electrificante. Tienes los ojos cerrados y nunca has visto tanto. No hay nada que escuchar y tus oídos se aguzan para atender a las respiraciones, el olfato trabaja a marcha forzadas, mientras el cerebro registra todo con meticulosidad anárquica.
Después, en cualquier momento de tu vida cotidiana, te distraes y las imágenes vuelven fieles a tu mente. El olor impregna tu nariz y tu piel se tersa como si la acariciaran. El recuerdo es tan claro que te transporta en el tiempo como si sucediese de nuevo.

QUIMERA TAL VEZ.

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Hace muchos, muchos años (quizá no tantos) en un lugar lejano, muy lejano (es para darle aspecto de cuento) una noche estrellada de primavera, en un torreón frente a una de las construcciones más románticas que los hombres han levantado, una pareja de adolescentes perdía la mirada en la noche oscura, entretanto hablaban de todo y de nada. El olor de jazmín impregnaba el olfato mareando el discernimiento y la música, amortiguada por la puerta cerrada, mecía la atmósfera. No pensaban, sólo sentían.
Años después en el mismo remoto país, una tarde mientras el sol caía y sus postreros (me encanta este adjetivo) rayos impregnaban el campo de un naranja asalmonado, desde lo alto de una colina la adolescente, ahora bella dama (quién no lo es con dieciocho años) y otro apuesto caballero (el adolescente partió en su negro corcel para descubrir nuevos reinos) contemplaban el atardecer. Ella, la cabeza recostada en su pecho. Él, rodeándole con los brazos la cintura. Hermosa estampa. Sólo faltaba la melodía, miento, los pájaros dándose las buenas noches y el viento agitando las hojas, no desmerecían en absoluto.
No tengo la más remota idea de lo que pasaba por la mente de los galanes (bueno, sí la tengo pero me la voy a guardar para mí) La protagonista es la chica y ella no dejaba de meditar, dandole vueltas en su cabeza pequeñita a la siguiente cuestión: ¿Es esto el amor?
Pasa el tiempo y alguna arruguilla que otra surca el horizonte de nuestra princesa. Repetimos escena en otro decorado, pongamos el océano. Uno azul profundo tiznado de brochazos de blanca espuma. Un cielo de celeste impoluto. La acompaña un distinguido hidalgo en amorosa postura y la misma inquietante pregunta: ¿Será amor?

Por fin un día, no importa cuando ni dónde, en idéntico panorama con un paisaje diferente, nuestra, ahora recién destronada reina (es lo que tiene el tiempo, hasta los títulos nobiliarios caen) por primera vez en su vida mira al horizonte y escucha la esperada sintonía. Demasiado erosionadas las sensaciones ya no se pregunta nada. Se deja llevar. Cuando el agua corre, a algún sitio ha de guiarte.

Es como volver al principio. Encontrar al verdadero, al azul, al de la naranja. Entonces: ¿Sólo amor? ¿Amor y amistad? ¿Amorosa amistad? ¿Amor y sexo? ¿Sexo a secas? ¿Amistad y sexo? ¿Amor, sexo y amistad? Y al final: ¿Amar o ser amado?

OSADÍA

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Gris perla. Una vez fui un pez común. Mis escamas refulgían devolviendo la luz. Delgado y ágil me movía sin notarse por las aguas intermedias. Observaba divertido a mis vecinos. Con rítmico aleteo saludaba cordialmente a los conocidos. Pasaba con ligereza ante los extraños. Mi vida era favorable en la bahía, escapaba bien del peligro, tenía comida suficiente y de las tempestades estaba resguardado. Sin embargo había una cosa que echaba de menos. Extraña sensación la de añorar lo que nunca has poseído. Era algo impropio de mi especie, En realidad no era una característica de ninguna especie marina. De ninguna especie animal, excepto una. Quería hablar. Hablar como los humanos. Pararme en mitad de la corriente, hacerme a un lado y charlar por las agallas hasta hartarme. 

¿Mereció la pena ir tan lejos? Si hubiera sabido, siquiera tenido la mínima noción de la desazón que me iba a generar, jamás me habría atrevido. Lo que más nos afecta no suele ser fruto de un gran reflexión. Pasa porque sí y no suele dar pistas de la influencia que tendrá después en nuestra cotidianidad. Y así sucedió, un día que me acerqué más de lo aconsejable al acabar del agua, adonde las olas rompen. Allí donde no podemos vivir porque nos falta la respiración. Las olas tan chiquitinas no pudieron urdirme ninguna definitiva faena. Pasada la inquietud de la primera vez, más relajado me dediqué a curiosear el entorno. Permanecí en la superficie, justo por debajo del nivel imprescindible para seguir viviendo y: Los vi. A unos segundos de rápido nado de la orilla, varios seres, altos como mástiles, quizá no tanto. Había una gran diferencia de tamaño entre ellos y yo, esta pudo llevarme a engaño. En jarras, con el agua hasta las corvas, abrían y cerraban la boca sin parar de producir un runrún constante. Quedé fascinado. Lo intenté repetidamente, con ahínco, con paciencia, tozudamente, no hubo manera. Mi boca se abría para cerrarse sin que de ella saliera nada, excepto un triste chasquido. Fui de roca en roca preguntando. Consulte con los más intrépidos, con los viejos, escasamente sabían. Me hablaron del silbido de los delfines, del canto de las ballenas. No era mucho. No era nada. Todo eran rumores, un me han contado, parece que, muy poco más. No podrás, no lo intentes, es inútil. Palabras de desánimo en vez de soluciones, de información.

No me importa. Sigo en ello. Imposible acercarse más. Ya vivo a escasos dos metros de la arena. A veces me imagino en cuatro dedos de agua dentro del cubito rojo de cualquier niño espabilado. Aún así, no renunciaré. Hablar o ser pescado. A la plancha, si se puede elegir. 

LÁGRIMAS, SOLO A VECES.

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Me encantan los colores intensos. Si sufriera dolores agudos, sería adicta a la morfina. Afortunadamente no me duele mucho nada. Por si a alguien no le ha quedado claro, diré que no soporto el dolor, en ninguna de sus facetas. Me flipan los analgésicos y ojalá los hubiera para todas las situaciones penosas de la vida. Mientras algún investigador, seguramente un cerebro en fuga español, encuentra (por supuesto por pura casualidad) la panacea de nuestra breve existencia, me apaño con la risa. 

La risa. Parece una bobería, pero ni te imaginas lo bien que funciona. Al principio, he de confesarte que no tendrás una muy sincera. Dale tiempo. Tiene una capacidad de transformación asombrosa. Empiezas con media sonrisita de labios apretados, más aparente que real. Poco a poco se asoman los dientes. Va subiendo y conquista tu ojos. Ya casi está. Ni te has dado cuenta y te estás riendo a carcajadas. Lo mejor es que ni te acuerdas porque la empezaste. 

No es fácil. Necesita de entrenamiento y sobre todo es imprescindible dejarse llevar. Si te gusta dar pena o quieres mantener el dominio de la situación, no es tu remedio. La risa tiene vida propia. Fluye sola y no le gusta que le marquen el camino. Es verdad que con los males corporales hace lo que puede, que a veces no es mucho, pero siempre ayuda. Sin embargo, es mágica con los del pensamiento. Tiene un magnífico efecto rebote, es asombrosamente contagiosa y produce cierta amnesia temporal. 

No es infalible y lo que es peor, no está siempre que la necesitas.  Hay días que no hay manera de que se cruce en tu camino. Otros, no consigues que deje de ser fingida, así no sirve. A veces alguien no tiene sentido del humor y su propio efecto te estalla en la cara, esa duele. Algunas, simplemente no es su momento y prefiere dejar, a su prima el llanto, el lugar. 

EL NOVIO DE AVATAR ES PERFECTO

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Un día, sin saber cómo ni porqué, quiso ser avatar. No una representación gráfica. Ni siquiera tridimensional. Quería una realidad física. Unida mentalmente a la usuaria, podría hacer todo aquello que no había llevado a cabo en su estable vida de rutina diaria. La nueva sería un estado ideal de aventura. Un avance constante. Sin mirar nada más que al infinito. Nunca hacia atrás. Una experiencia inolvidable cada día. Algo nuevo que aprender, algo distinto que experimentar y así sucesivamente segundo tras segundo.

A veces los deseos se cumplen y por arte de maleficio, ella fue avatar. Recorrió ciudades, conoció gentes, sus sabiduría se modificó y queremos pensar que en ocasiones dejó huella de su paso. Andanzas memorables, grandes lances le sucedieron y sus peripecias serían famosas y ampliamente divulgadas, para grato esparcimiento de los oyentes, si pudiesen ser relatadas. Apenas corren rumores, cuchicheos de que un día logró la cuadratura del círculo. Nadie sabe mucho más.

Alguien me contó que en un momento que no avisó, a la vuelta de un evento ni mejor ni peor que otros del mismo estilo, de improviso se dio cuenta que algo había cambiado. No quería continuar. Era el tiempo de parar. Disfrutar del lugar al que sus circunstancias la habían transportado. Dicen que se giró y vio a las personas nuevas que se habían unido a su causa. Observó las interesantes perspectivas y decidió que definitivamente su etapa de avatar había terminado.

Debió pensar que las esquinas del cuadrado pinchan y que los círculos están hechos para ser redondos.

ENTRE LA GENTE

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En las colas siempre pasan cosas. Es cuestión de espíritu que sean entretenidas o desesperantes. Hoy he estado una media hora en la fila de la seguridad social.

Tengo la costumbre de mirar al infinito y sonreír. Una amiga dice que  en el supermercado voy caminando entre los lineales y sonriendo a macarrones, latas de atún y botes de gel sin distinción. Con los productos de las tiendas nunca hay problema. Todavía ninguno me ha devuelto la sonrisa. Entre la gente, nunca se sabe. La primera mención divertida de la espera ha sido un tío que me miraba y sonreía. Afortunadamente, no me he percatado y ha sido mi amiga la que lo ha mencionado. No ha llegado a haber intercambio de miradas. Probablemente la mía habría sido de interrogación. Eso, con un paquete de espaguetis no me pasa. Luego, la chica de delante nos ha pedido permiso para sentarse porque se encontraba mareada. Es increíble tener que pedir que te guarden el sitio cuando te vas a sentar a escaso metro y medio de dónde se supone que tendrías que estar de pie. (Luego volveré a ella). Al mismo tiempo la señora de tres puestos más adelante volvía de hacer sus mandados y se incorporaba sin problema al lugar que había abandonado tres veces para volver al ratito. Pobre, seguro que debía comprar el pan, pasar por el banco, saludar a la de la mercería... los demás no teníamos nada mejor que hacer que estar allí mirándonos las caras. No sé si quiero ser como ella cuando sea vieja. Quizás cuando te haces mayor te vuelves más fresco, o puede que realmente te acucie la falta de tiempo y haya que optimizar las esperas. Vaya usted a saber. En realidad creo que ya era así de joven. Y volviendo a la chica embarazada, que esa era la razón de su malestar, no ha estado mucho tiempo sentada. Lo justo para no desmayarse o vomitar mientras estaba de pie. El señor que estaba sentado a su lado se ha encargado de interrogarla hasta la hartura sobre su estado de buena esperanza. El caballero no consideraba que la chica tuviera edad suficiente (casi treinta años pero muy monos y puede que un poco infantiles) para ser madre. Y yo he pensado, menos mal que la embarazada no soy yo, porque a ver lo que este reflexivo entendido en maternidad tendría que decirme. En fin, que con todo el dolor de su mal estado la niña se ha tenido que incorporar a la cola y allí hemos empezado una animada charla. No voy a contarla porque ya me he alargado mucho… nada más un apuntillo: Herodes habría estado muy orgulloso de las dos. Nunca había encontrado a nadie que estando a punto de ser madre, bueno le faltaban siete meses, no estuviera ofuscada por la idea, hasta perder el sentido de la realidad. Más tarde mi amiga, que sí es madre, me ha explicado que todo es cuestión de hormonas. Por lo visto esas no llegan hasta el tercer mes. Espero que tenga un niño/a precioso y que sea muy feliz. Era una chavala muy simpática.

COMUNICACIÓN

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Algunos comentarios agudos, inocentes porque sólo persiguen ser divertidos, a veces, dejan el alma en suspenso y el corazón pequeñito esperando su sacrificio. Cuando somos nosotros los responsables, en la mayoría de las ocasiones, no somos siquiera conscientes del daño causado. Cuando los recibes, pasa igual. No puedes buscar la disculpa, si no has mostrado el dolor. Supongo que es a eso a lo que se refieren cuando dicen que hay que hablar para entenderse. Hablar, no únicamente escuchar. ¿Por qué han de saber los otros lo que quieres o te gusta si no se lo dices? Esta claro, hasta para el diccionario: transmisión de señales mediante un código común al emisor y al receptor. Pues ni aún así. Seguimos hablando distintas lenguas, o la misma pero con tiempos alternos, o simplemente callamos y esperamos que nos adivinen.

Lo que cuesta aprender.


SEGUIRÉ

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Increíble. He sobrevivido. Experiencia altamente recomendable para todo el que quiera pasar el sábado tiritando, hambriento, con las piernas temblorosas por el agotamiento y  las manos amoratadas por el frío. He de reconocer, sin embargo, que me he reído tanto que cualquiera que me haya observado habrá pensado que lo disfruté una barbaridad.

Para el que no conozca la zona, sólo decirle que se llega por la Carretera de la Cabra y que el que le puso el nombre no lo hizo porque le gustaran los animales. El descenso desde la carretera al río es hermoso, digno de una capra pyrenaica hispanica, no sé yo si tanto de un A3. La garganta por la que desciende el agua tiene una querencia natural a no despejarse, es decir, que no se ve el sol por más que mires al cielo implorante. En la guía hablaban de fauna, nosotros sólo vimos «zapateros» de largas patas y lomos plateados, quizá fue mejor así. La bichas no habrían sido recibidas con alborozo. El entorno es precioso, si es que puedes levantar la mirada del suelo para verlo.

Luchar contra la corriente, dejarse arrastrar o saltar al vacío desde yo que sé cuántos metros (discutidos entre tres y doce), descender por una pared vertical atado a una cuerda con una especie de cencerros que se han pasado todo el día haciéndote creer que eres una vaca en su deambular por montaña, por no hablar de la pelea a muerte con un traje que se empeña en ser segunda piel, son cosas que no pasa nada en absoluto si uno no hace en su vida, pero que ya hechas, son difíciles de olvidar.
Vale. Lo reconozco. Me lo pase genial. Gracias por llevarme.

MUNDOLOGÍA

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El sábado me voy de excursión. Aún no me he hecho a la idea. Será porque voy a descender por un río con un traje de neopreno y atada con unos arneses. No. Definitivamente la experiencia no me entusiasma. No voy a explicar porque lo hago entonces. Son esas cosas que uno tiene que hacer. Estás de cervezas con unos amigos y de repente alguien saca el tema del fin de semana. Uno dice que tiene un plan genial. Con sol, montaña, agua… sin darte cuenta te has metido en un lío. Ahora quién es la pusilánime que llama para anular. ¿Te inventas una excusa verosímil? ¿Confiesas la verdad? Pues no. Ha lo dicho, pecho y a vestirse con el traje de caucho sintético. Del casco no voy a hablar. ¡Jesús!, con lo mal que me sientan los sombreros, menos mal que no tendrán espejos. Ah y esa es otra cuestión. Me voy con el bañador puesto, me lo pongo allí, hay vestuarios, te cambias detrás de un árbol. A ver, qué ropa se lleva para hacer turismo rural. Alguien dijo que chandal y zapatillas. Claro, eso será el que lo tenga, porque yo, no sé si ya se ha notado, pero muy deportista no soy. Pero no, seguro que me encanta escalar la montaña para luego bajarla arrastrada por la corriente. ¿Quién ha dicho miedo? Ni mucho menos, que yo saltar, salto la primera (creo que son siete) y si hay que morir pues que mejor oportunidad que estrellarse contra una roca. Pero ¿no habría sido mejor ir a la playita a tumbarse en la arena y luego al chiringuito a comer pescaíto frito? Parece que no.

A UN PASO

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El amor me balancea. Es el agua, yo soy el barco y no quiero partir. Me cuesta dejar que la corriente me arrastre sin saber. No hay indicios de tormenta. No se ven nubes ni vientos. Es un mar  calmo, de olas pequeñas, casi diminutas. El vaivén es continuo, cautiva el ritmo, embelesa los sentidos, ofusca la razón. Un impulso irrefrenable me empuja a no rehusar, siento que  las maromas se están soltando. Pronto, nada me retendrá a los seguros bolardos. Veré como el  fondeadero fiable se aleja. Asumiré el lance encomendándome a mi ventura. Temiendo a las mareas contra los arrecifes que puedan encallarme, me tiembla el armazón. Extraño padecimiento de este querer no dejarse, de no dejarse querer.

COMO DESEES

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Me pide una lectora que después de tanta entrada de cruda realidad vuelva a escribir ficción. Amor verdadero. No creo que sea fábula. Yo creo en él. Sé que existe. No razonaré si dura toda la vida. Quizá no sea siempre de mariposas,  los lepidópteros mudan. Pero afirmo que tiene existencia auténtica y efectiva. Mientras lo encontramos, sea pues fantasía:

Empezó con un cruce de miradas. Sé que ni si quiera me vistes, que tan sólo mirarabas al infinito. Mientras traspasabas mi cuerpo, yo gravé tus ojos en mi mente y escapé aterrada. Sabía que si me veías saltarían chispas, prendería y los resultados del fuego serían impredecibles. Inútil pérdida de tiempo. Cuando el presentimiento es tan fuerte, correr, nada más que retrasa el desenlace. En la segunda oportunidad la huída se hizo imposible. Los amigos, inexplicablemente, siempre ayudan sin querer en esas ocasiones. Un conoces a… y producido el contacto visual ya no fuimos capaces de controlarla. La atracción se apoderó de los dos. Sin raciocinio verosímil, nos atrapó y retuvo a su voluntad. Luego,  una sonrisa inmensa por todo y por nada, la cara iluminada de una dicha indescriptible y los ojos chispeantes, delataron, sin temor a duda, el trastorno.

Pasan los días y me gusta estar contigo. No me canso de escucharte, te cuento mis cosas con familiaridad y me derrito con tus besos, me vuelvo un flan si me abrazas. Me inspiras una serenidad que echaba en falta. Tus atenciones me enternecen dejándome una gesto bobo de felicidad. Adoro lo que veo, lo que intuyo y no me muestras me encela en la espera del próximo encuentro. No estoy enamorada, aún no… el corazón me da saltitos cuando veo tu nombre en el móvil que suena y espero quedar contigo como si fuera una adolescente en su primera cita. Aún no es amor, aún no…



ANÁLISIS DIVERSOS

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Anoche cenamos en casa de una amiga. Risas, cotorreo, guiños a las últimas hazañas, repaso de la sociedad cercana, algo del trabajo. Nada diferente de otras veces, excepto que ayer estaba su hermano y entre comentario y comentario de repente uno, nos aclaró lo que llevábamos  toda una vida intentando resolver. Lo hizo de forma breve pero muy evidente. Escogió un cepillo para que lo entendiéramos fácilmente. Todo se comprende mejor con ejemplos.

Riéndonos comentábamos que pretendía un hombre cuando te mandaba un sms cariñoso después de una noche de lujuria. Una de mis amigas defendía la coherencia, o mejor dicho la falta de congruencia entre lo que escribían y lo que realmente querían o sentían. El hermano nos miraba divertido y a pesar de sonreír no hablaba. Copa de vino va, copa de vino viene, nosotras seguíamos con nuestras historias y sus reflexiones correspondientes. «Control de daños» lo llamamos últimamente. Y en un momento indeterminado, sin ninguna razón aparente, sin ninguna pregunta que lo requiriera dijo: -¿Cuándo usáis un cepillo os hacéis tantas preguntas?- Carcajada general y negación. Supongo que todas pensamos que te comprabas el cepillo que más te gustaba: de cerdas de jabalí, de plástico de colores, de madera natural. Cuando lo usabas no pensabas en nada. Buscabas un fin,  el pelo más brillante, desenredarlo, que quedará con una forma determinada… y entonces  concluyó:   -Te lo cepillas y ya está ¿no?-

OPERACIÓN BIKINI

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Vengo de la piscina dándole vueltas a si no seré un bicho raro. En privado no soy recatada. Me gusta mi desnudez. Sin embargo sufro un shock cuando veo deambular a tanta mujer, sin ropa alguna, por el vestuario del gimnasio. El día que enseñaron que el pudor no tiene cabida cuando se está exclusivamente entre féminas, yo no fui al colegio. De acuerdo. Son todas mujeres, no voy a entrar en sus inclinaciones sexuales porque eso sería complicar más el tema. Sí, lo son. Pero no por eso dejan de ser ajenas a mí.No las conozco, a la mayoría no las he visto nunca y es probable que  una gran parte de ellas no se vuelva a cruzar en mi camino. Seguramente es una rémora causada por una adiestramiento represivo, o para no ser tan severa, sólo consecuencia de una educación demasiado convencional. No me gusta mucho la psicología, me refiero a la ciencia. Me cansa, seguro que por desconocimiento. Será por eso, por pura perpetuidad en la ignorancia que  no tengo ningún propósito de enmienda, ni de dejar que estas deducciones me saquen de mi retraimiento. Tengo claro que no me gusta ponerme y quitarme el bañador en un vestuario colectivo. Básicamente porque considero que estar desnuda es parte de mi intimidad, definida por la RAE como la zona reservada de una persona. Lo sé. Es un problema mental mío. Y qué hago. Ya lo han dicho otros …»más propia de la pasión que del hábito…el pudor se asemeja más a un sentimiento que a una disposición»… Y  no siendo virtud parece más propia de la juventud. Algunas veces Aristóteles es adorable.

COHERENTE

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Las estrellas me sonríen y yo desconfío. Apuestan por mí y yo recelo. Cuando las cosa andan mal suspiro y gimoteo. Si bailan en vez de caminar, las miro inquisitivas. Después de una mala racha, el presente me acuna con dulzura. Yo sigo protestando incrédula ante la fortuna. Me abruma la coyuntura. Debe ser por mi caótica personalidad.

De pronto un día sientes que la tierra se abre bajo tus pies, esperas ser deportada al páramo y eres catapultada a un bosque. Y justo al contrario de lo que ocurre otras veces, el conjunto no me deja ver los árboles. Las ramas se entrelazan tejiendo una maraña increíblemente seductora  que me impide verlos individualmente. Con sus copas juntas, me cobijo debajo. Cómo discernir cuál es el mío si cada uno me protege un flanco. Tendré que mirar arriba. Despejar el follaje y buscar el sol. Uno solo no puede cubrirlo todo. Lo perfecto no es humano.

Dicen que vivir es arriesgar. No me gusta apostar sin saber. Indago. La información es poder. Yo no quiero la potestad. Es complicado entender sin preguntar. Me concentro en la observación. A veces hay señales, otras son pistillas, algunas auténticos luminosos. En esta ocasión la intuición tiene resaca y me confunde más que ayudar. Busco los pros y los contras. Sólo encuentro virtudes. Siento que la perfección recuerda demasiado a una quimera y me asusta que desemboque en delirio.  Soy positiva por genética. Suelo reconvertir lo adverso en favorable. Parece que también tengo el efecto antónimo. Defiendo que recibes lo que ofreces. Estoy desbordada. No creí entregar tanto. No soy consciente de hacerlo. Analizado no parece verídico pero a mí me funciona. Quizás no siempre. Será la manera de asumirlo más que el resultado. Los pensamientos se entrecruzan, se disputan el turno, no respetan la razón. Se están acostumbrando al caos premeditado. Buscan una anarquía ordenada, perfectamente organizada. Necesito definirme. Tanto fluir me está diluyendo.

¿DESENLACE?

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No hubo tiempo de crisálidas, en un proceso inverso las mariposas se transformaron en orugas. Sus alas dejaron de agitar su espíritu y sus colores de animar su sonrisa, quedó un vacío de angustia que por poco la consume en el sentido literal de la palabra. Llegando a la orilla, se percató del mar incierto al que se había lanzado con ningún remordimiento y la escasa razón le dijo que estaba dolorida por lo que había sentido, ese querer irreal, ilusorio, inventado y como tal cercano a la perfección; aderezado en dosis tan exquisitas con deseo, curiosidad y predisposición que era explosión vislumbrarlo, cuanto más si se palpaba. Al pensarlo no veía, no entendía y hablaba de necesidad, una involuntaria, inconsciente, a veces sofocada, otras lenta y controlada, qué sabe ella, pasión, vanidad, ganas de ser comprado sin saber muy bien que vender, orgullo de ser y miedo de no gustar precisamente por eso. Una historia de amor no correspondido no es lo ideal, pero uno no elige los derroteros de la mente, tan sólo los acepta o lucha contra ellos. Se dejó llevar. De nuevo la tiranía del segundo. Su estado de ánimo dependiente de las decisiones, de las acciones, de los deseos de otra persona. Asumiendo el desengaño, promete no volver a tener presentimientos. No conducen a nada y convierten en torrentes las gotas… y aún así, no querer volver a su ser porque esto es la vida y es como uno se siente vivo, sufriendo. Es humanidad. Absurda naturaleza.

PASEANDO

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Descendí sin transición ni descanso. Pasé de la luz cegadora a la penumbra verdosa. En la profundidad, los rayos del sol se desvanecían perezosos y la arena clara suspiraba por devolverlos a la superficie. Escudriñé el entorno. Vi las diminutas cordilleras como de carbón dulce, sus moradores plateados de escamas centelleantes me observaban de reojo. Daban bocaditos sin descanso en un baile contínuo adelante y atrás. Bajo el lecho observé movimiento, una nube de polvo en suspensión sólo me mostró el final de lo que me pareció un lenguado. Un pequeño banco de pececillos se mecían sobre una pradera de posidonias que se inclinaba ceremoniosamente ante la corriente. Pasado el primer encuentro y ya habituados a mi presencia, la vida cotidiana volvía a la llanura marina. No había grandes multitudes, la luminosidad de los colores no distraía. La distancia estaba llena de una apacibilidad que se volvía más azul según levantabas la mirada. De vez en cuando un estruendo te avisaba del paso de una embarcación. Alcancé un grupo de rocas y aleteé en espiral, cada vez más desahogada, ascendiendo. Esperé. Allí estaba. El pulpo. De fama tímida y escurridiza,  se mostró con descaro y altivez cuan grande era. Me sentí como él. Osado, sólo por la presta escapada disponible. Nos contemplamos despacio, con curiosidad. Procuré no acercarme, no mostrar intención alguna que el cefalópodo pudiera malinterpretar. Pasó el tiempo, los minutos discurren a otro ritmo allí. Cansados de estudiarnos, sin despedirnos, proseguimos con los propósitos del día. La templanza del agua mudó. Una corriente helada me atrapó sacándome del ensimismamiento. Rumbo lento a la orilla un par de seres casi transparentes, proyectos de algo más grande, me rehuyeron, unos erizos juguetones se dejaron rodar. Con los pies en la arena, el bullicio de la playa.

ESTE AÑO NO HABÍA MARINEROS

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No soy devota, no soy atea y creo en lo que me hace falta creer para seguir viviendo sin desesperación.

Hace años un miércoles Santo estaba ingresada en un hospital con la cabeza rapada y los ojos amoratados. Sin apenas carne en mi cara, sólo me quedaba una gran sonrisa de dientes quebrados que la ocupaba entera. El día no prometía mucho. Mi madre sentada a los pies de la cama, vigilaba mis progresos. Dos compañeras de habitación y un montón de amigos que entraban y salían intentando disimular la impresión que causa ver la fragilidad del ser humano. Realmente no era el mejor plan para un día festivo. En extraño guiño a la realidad tangible, mi mente se distraía paseando por las calles que estarían invadidas de marineros de San Fernando. Yo no podría ir a ver la virgen del Rosario encerrarse en Santo Domingo y no los oiría cantarle la Salve marinera. No lo haría en cuerpo, pero nada impedía revivir el recuerdo, incluso soñarlo con mejoras. Cientos de almas expectantes observarían en silencios rotos por las ordenes escuetas del capataz la entrada triunfal de la imagen. Paso adelante, dos atrás. Baile lateral y la música llenando el poco espacio entre cuerpo y cuerpo. Cada uno pensando en sus cosas, unas más místicas, otras más profanas. Un montón de energía en suspensión, quizás diferente a la de cualquier otro espectáculo que reúna a un puñado de personas acompasadas para la misma acción. Quizá igual. A mí me gusta la que siento allí.

VUELVE A ILUMINARTE ESTRELLA

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Hay veces que uno no sabe porque de la risa se pasa a la mueca y sin darse cuenta a las lágrimas. De repente las cosas empiezan a torcerse y algo estupendo se vuelve gris; sólo surgen complicaciones, reproches y desconfianza. Lo fácil, preguntar se obvia y nos concentramos en lo difícil, adivinar, sospechar. Tenemos tanto miedo al rechazo que antes de  sentirlo ya lo estamos imaginando, sufriéndolo. Se nos olvida el creer porque sí. Cuando no se confía  ¿qué sentido tiene lo demás?

LA VISITA

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Regresó con la ilusión intacta. Venía de un mar donde el camino es llano y el frío no llega. Traía los recuerdos frescos, las intenciones en fila. Llegó y el cielo no le favoreció. Dejando más agua de la esperada, las nubes espesas velaron la luz. Cayó la temperatura y hasta un húmedo viento desconocido, llegó sin invitación.

A su alrededor las hormiguitas, en actividad continua, le echaban pocas miradas. De vez en cuando las oía decirle   un: -ponte aquí- , -vete allí-. Por fin se decidía y salía en busca de los lugares de antaño. Nada más pisar la calle: los pies helados. La amenaza de lluvia no cuajaba pero tampoco le daba certidumbre. Andaba despacio. La suspensión fallaba y de los amortiguadores ya no quedaba ni su nombre. Las calles eran demasiado bulliciosas, antagónicas a su itinerario marino. Asediado por las fauces del metro en construcción, paseaba sin complacencia. Aquello que tenía en la memoria, ya no estaba o al menos él no lo reconocía. Su alegría por la vuelta se había esfumado y ya sólo quería volver. Volver allí donde nadie le decía en que sitio colocarse, ni si debía salir o entrar. Allí donde era dueño y señor. Allí donde él también era una hormiguita laboriosa en su ir y venir.

EL AMOR

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Escuchando una canción me ha dado por pensar. He empezado a describirlo en mi mente y he encontrado…

En medio de la cotidianidad mis ojos miran al infinito y ahí está él. Imagino su cara, sus ojos, su sonrisa, su olor. La ternura es tan grande que siento todo el cuerpo untado en una dulce pomada de un aroma tan penetrante que me mantiene narcotizada. Una amalgama de sensaciones invaden mi mente que no sabe a cuál atender y opta por bloquear toda acción. Llámalo mariposas, cosquillas, pajaritos, invéntale un nombre, pero si se pudiera comprar estaría agotado. Son susurros de una caracola al oído , llantos de desesperación como los de un bebé con hambre, los gritos del que ha sido obligado a permanecer en silencio toda su vida. Es un ansia eterna de nada y de todo. Una gran desazón me muerde la boca del estómago. Su ausencia se me hace eterna. Estando con él, vuela el tiempo sin peso ni forma. Pasan las horas y para mí sólo fueron segundos. No hace falta hablar, las palabras son pensamientos compartidos. En los abrazos el encaje no deja resquicio. Las pieles se reconocen fundiéndose como si siempre hubieran sido una sola.  Lo besos se añoran, no cansan, aún por cientos, son el agua del desierto. No se extraña porque somos uno, más grande con más presencia, perfeccionado.

Y podría ser el estado ideal si no fuera tan volátil, tan inestable… mientras merece tanto la pena que casi no concibes la vida sin él.

VIAJANDO

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He recibido tres propuestas para pasar un rato. La luna, el fondo del mar y el Polo Norte.

El Polo lo dejaremos para un ataque de indiferencia cruel. El fondo del mar para cuando nos sintamos románticas y solitarias. Es una noche tranquila, me inspira más la luna. Va a ser difícil. No he pensado nunca en ella como un sitio al que quisiera viajar. Tendré que desear, luego imaginarlo.

La primera idea es calma absoluta. Igual no es así y soplan unos vientos huracanados que te arrancan la cabeza de cuajo. Pero como yo de astrofísica no entiendo y esto es pura ficción puedo escribir lo que me plazca. Sigo…

Acabo de llegar, no sé muy bien cómo pero el caso es que estoy aquí. Los viajes astrales deben haberse desarrollado hasta el infinito y yo no me he enterado. No es lo que esperaba. Siempre creí que estaría en penumbra y llena de cráteres  grises y oscuros con picos afilados. Sin embargo me rodea una deliciosa luz plateada y piso una arenilla fina, fina de un delicado rosa anaranjado. Me da vértigo mirar al cielo. Hay una fiesta y todas las constelaciones están invitadas. Ahora que me fijo, no llevo zapatos. La arena está templada, me gusta su contacto con mis pies desnudos. Otra observación, no floto, deben haberme autorizado la gravedad. Camino despacio, sin rumbo pero con gran decisión. Inexistencia de olores. Se escucha el silencio. Nada se mueve excepto yo. Me embarga una dulce placidez. El sosiego es la descripción exacta para mi estado de ánimo. Algo me impulsa a levantar la mirada. Son estrellas fugaces. Caen demasiado rápido, no me da tiempo a pedir todos los deseos.  Pido el mismo a todas.

Me gustaría seguir andando y darle toda la vuelta, ver la tierra… pero los bostezos me atrapan, los ojos se me van cerrando sin casi querer. Ahora sí oigo algo, una melodía, tiene una cadencia serena, equilibrada… Soy yo. Es mi espíritu tranquilo.

 

CUANDO LA VIDA NO ES SUEÑO SI NO VIDA

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Hoy estoy en la playa, en realidad no, pero quiero pensar que sí. Tendré que recordar otras veces para poder plasmar en palabras las sensaciones y mezclando las imágenes describiré el sentimiento, o no. Probablemente a penas consiga transmitir la frustración de quedarme trabajando sin ningún paliativo a cambio y difícilmente llegue a aproximarme a la verdadera experiencia de tumbarme al sol escuchando las olas y sintiendo la brisa y el calor de la arena.

Ya no estoy frente al mar. Ha dejado de apetecerme la idea. La verdad es que estoy enfadada y contra eso lo mejor es lanzarse al agua sin miramientos y empezar a pegar brazadas dirección al horizonte. Está en calma, no demasiado fría y la corriente no te arrastra en ninguna dirección en particular. Se ve el fondo con claridad. Puedo nadar hasta  que mis brazos resistan, descansar mirando a la playa desde la lejanía y volver con parsimonia a mi toalla en la orilla. Es la mejor terapia que conozco contra la rabia injustificada, o no, que me araña el estómago.

Con el calor del sol secándome la espalda me encuentro mejor, un poco más en paz. No era para tanto. Una rabieta de niña mal criada y mimada. Mucho mejor ahora. Le doy un aprobado a mi día imaginario. Más, tampoco se merece.

 

CUANDO «LA VIDA ES SUEÑO»

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¿Qué pasaría si un día hicieses eso que siempre propones pero para lo que nunca parece haber tiempo?


A una hora nada temprana intuyes la luz a través de las persianas. El sol está radiante y no duda en meterse por cualquier resquicio por pequeño que sea. Abres con temor un ojo y ves que has dormido hasta las diez. El reloj te mira serio y tu te ríes en su cara. Ya con los ojos abiertos recuerdas que hoy vas al campo y recordarlo te produce un cosquilleo de bienestar. Retozas en la cama un rato y cuando ya no se puede apurar más, te levantas para desayunar un montón de tostadas de mantequilla (Puleva con sal, es importante el detalle) y un estimulante café con leche muy calentito. Sigues estirándote en el sofá mientras pones música, lees el correo y miras lo que han hecho tus amigos en el face. Ducha y a la calle.
Hace un día impresionante. Más que primavera parece principio de verano. Te has puesto una camiseta de tirantes, te has negado a embutirte en los vaqueros y no llevas medias para que el sol pueda tostarte las piernas. Has sacado del cajón las gafas de sol del verano y mientras bajas la calle la gente te mira con envidia. Tienes pinta de ir a pasar un día estupendo.
El ventorro está lleno de gente pero no hay que olvidar que hoy los astros están alineados para ti. El servicio de camareros es magnífico, la comida buenísima, el tiempo espectacular y la compañía: lo mejor…
Después, el paseo por el monte y el encuentro con la praderita donde Heidi y Pedro se tumbaban. Hasta los bichos te respetan, escuchas su zumbido atravesando tu espacio aéreo con rapidez para molestarte lo mínimo posible y de los que caminan ninguno osa trepar por tus extremidades, a pesar de que estás tumbada encima de sus casas.
Ya puedes decir que tú también has subido al Trevenque, no estás propiamente en él, pero estás a su altura, justo en frente. Sí, es cierto que tú has subido en coche, pero aquí no se juzga la deportividad, sólo el placer de ver las montañas intimando con el cielo, sentir la hierba pinchándote los brazos desnudos y oír a los pájaros entonando su amoroso trino a ver lo que pillan está temporada.
Regresas a casa cansada, con la cara quemada, los brazos llenos de arañacitos, un montón de piñas que no has podido resistir la tentación de recoger, sin saber muy bien para que las vas a querer y sobre todo una armonía interior que ilumina tu mirada y esperas que te dure para siempre.
Si esto no es la felicidad, yo me conformo.

ENTENDIMIENTO EN LA PRIMERA CITA

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Nunca se me habría ocurrido. Me lo habían recomendado por sus grandes virtudes, aunque no me convencían con sus argumentos. Al final el «destino» me llevó hacia él. El primer encuentro no sé muy bien como sucedió. Fue completamente inesperado. Yo sólo quería intercambiar recursos, compartir programas. Surgió la reciprocidad en las preguntas, al final un número… y de pronto sin más: la conexión. Estaba dentro de mí, con acceso directo a mi alma. No pude hacer nada. No me resistí. Dejé que me diera un repaso completo y al final acepté. Que otra cosa si no. No me arrepiento. Ahora sabe todo lo que guardo en mi móvil. Ha sido una experiencia increíble. Es diferente. No había conocido a nadie como él. Rápido como un rayo. Delicado como la seda. Duro como el acero. Sensible como el cristal. Cuánto más lo miro, lo toco… más me engancho. Pronto no podré vivir sin él, lo presiento, casi tengo la certeza. Se convertirá en una necesidad. Será él o ninguno. Tendrá mi fidelidad para siempre.

Mi Mac de aluminio. Alucinante. No hay comparación posible.

OTRA VIDA

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Imaginemos que soy un perro. Probablemente soy un cocker spaniel inglés.

He tenido suerte y tengo buena genética. Soy atlético y grande para mi raza. De pelaje brillante, sedoso, color caldera, largo y liso, ligeramente ondulado en las orejas. Mis ojos son vivaces, juguetones, demuestran inteligencia y cierta astucia. No son marrones del todo.

Dicen que soy cariñoso y algo dominante. Ladro poco, pero cuando me enfado suelo morder.

Antes vivía en una casa, otra familia. No me iba mal. Estaba contento. Un día decidieron prescindir de mi compañía, aún no lo he entendido muy bien. Si hubiera sido gato habría erizado el lomo y sacado las uñas. Pero los perros, ya se sabe, somos más fieles, nos resignamos con facilidad. Ahora tengo un hogar distinto, uno para mí solo. Yo no lo habría elegido, pero no está mal. Es más: me gusta bastante.

Cuando vuelva a pertenecer a otra familia, si es que ocurre, tengo varias peticiones, algunas irrenunciables.

No me contaran los minutos que salen conmigo, ni las veces que lo hacen. Me sacaran a pasear por amor no por obligación, no les pesará el tiempo que pasan, lo disfrutarán y se les hará corto. A veces será una, a veces serán dos, otras todo el día. Siempre les parecerá poco. Cuando esté triste me acariciaran hasta que se me pase. Y si lloro, aunque sea por capricho, no me regañarán, me consolaran como si de un cachorro se tratase.

Seguramente que habrá más, pero por ahora estas son las que me preocupan.

SIMILITUDES

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Me gusta saltar las olas de frente y dejarme caer mirando al mar infinito. Adoro las grandes y rugientes que parecen romper de lejos y llegan intactas al rompeolas. La ingravidez que siento al elevarme, la ternura autoritaria con la que me permiten deslizarme, me apasiona.

Me enganchan las que mienten. Las que me hacen creer que son francas, cuando esconden un remolino presto a atraparme y alejarme de la orilla.

No me agradan las que me desplazan demasiado de mi origen, ya sea a levante o a poniente.

Y la que más rabia me da es la eterna promesa.  Aparenta ser inmensa y fiera, enorme como una montaña. Me emociono al interpretarla. Imagino coronar su cima, la ondulante caricia que recorre mi cuerpo al abandonarla, las cosquillas de sus dedos de espuma en mi cabeza al romper su cresta… y con decepción la veo convertirse en una olita mediocre que ni si quiera merece el esfuerzo del salto. Invariablemente miro en busca de la siguiente.

DESTINO

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Deseé persistir. Era mi mundo. No conocía otro. El reto era avanzar. El impulso permanecer. Cerré los ojos y esperé. Los oí llegar. Comenzaron las voces, sentí los vaivenes. Me agarré con fuerza al fulgor plateado que recordaba me había hecho hermosa de reluciente verde poesía.

Regresó el silencio. Permití entonces al sol cegarme y eché un vistazo alrededor. Sola. Nadie más.

Pasaron los días y me volví negra azulada de reflejos metalizados. Excluida. Un paisaje que ya no era. ¿Sin sentido?

Las nubes cubrieron mi horizonte. El viento me agitó con violencia. Rodé por la tierra al amor del aire y la lluvia, hasta que la hierba me protegió y me buscó un lugar para volver al cielo.

 

DESDE EL ARRECIFE

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Si  fuera arena del mar donde la playa comienza y esperase con ansia que las olas me mecieran, serían cosquillas lo que la corriente me produciría al arrastrarme. Notaría como todo mi ser se erosiona con la fricción y tendría mi corazón de cuarzo encogido de anhelo esperando la siguiente tempestad.

Me pregunto si  mi ángulo de reposo sería de laxitud o de resistencia y sé que no podría ser más que de encaje con el mar mi estructura. La vorágine del rompeolas me atraparía y ascendería hasta la superficie cerca de donde inciden los rayos del sol intuyendo un ligero calor más presentido que real mientras desciendo  dichosa en torbellino al fondo agotada por la convulsión. Ahora sé que fui coral antes que arena.

EXPERIENCIA

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Lo he visto. Al acercarme las palabras son vanas, la emoción sólo comparable a contemplar el mar. Una vez juntos  su aura me atrapa. Me relajo y dejo que su ternura me embargue. Me deleito pensando en tumbarme, estrecharme, sentarme… todo el día, toda la noche. Ha sido amor a primera vista. No, me ha llevado tiempo convencerme. Ni si quiera lo recuerdo. Me siento en casa cuando estoy con él.

Probablemente no es para mí. Su alto precio, el coste de conservación, alguien que llegó primero, los vericuetos del destino travieso. Lamentaré no poder disfrutarlo, pero si así ocurriera, no habrá más vacilaciones. La próxima vez que adquiera un sofá, será uno que nada más mirarlo sienta que me abraza.

LA ACELERACIÓN

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Hablando de las relaciones de pareja un amigo me definió su evolución de una manera muy curiosa. Las comparó con las carreteras. Distinguió entre nacionales y autopistas. Al principio no lo comprendí, cuando me lo explicó vi clara la similitud.
Cuando conoces a alguien que provoca que tu corazón se acelere y una sonrisa boba te delate, miras al cielo y pides ser un deportivo reluciente que circula raudo por una autopista, a ser posible alemana para no tener límite de velocidad. Si tienes suerte, el compañero asignado para la ocasión querrá correr a tu lado. Si la naturaleza ha fallado en el emparejamiento no hay más que decir al respecto, busca una salida airosa y a otra cosa mariposa. Pero si ha habido acierto… empieza el juego.
Definir la velocidad de crucero es complicado y normalmente cuesta coincidir.  Y si hablamos de sentimientos y de sensaciones entramos en el valle de las incertidumbres y los desencuentros.  Centrémonos en un principio en las sensaciones.
Estamos en el origen, esto quiere decir que el deslumbramiento ha sido provocado por la atracción, parece que mutua. Primera decisión: dónde queremos llegar. Segunda: ¿Coger la autopista o la nacional? Divertido ¿no? Lo lógico es que en esta primera fase los dos elijamos la autopista, el límite ya lo pondrá cada uno pero al menos no hay restricciones previas. El verdadero problema viene en las siguientes citas.

Los sentimientos.
Es un error deducir simplemente por la reiteración que los dos van a seguir en la autopista. Los afectos se desarrollan a ritmos completamente diferentes en las personas y… ahora es cuando mi avispado amigo expone su teoría. 
En su última relación los sentidos van en Maserati de elegante celeridad, pero cuando sus emociones han empezado a colonizar su corazón ha descubierto que su camarada no circula por la misma vía. Ella está en una nacional, casi regional dice el pobre con media sonrisa. No tiene prisa por llegar y está disfrutando del paisaje. Puro albedrío humano. No se puede hacer nada. Si el interés es real, a él solo le queda acompasar el paso y esperarla. Viajar en Maserati por una nacional también tiene su encanto.
Creo que harán hermosas carreras, se les ve en los ojos.  Es una cuestión de tiempo que los dos se desplacen al unísono.

 

CONSEJOS VENDO QUE PARA MÍ NO TENGO

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Hoy he hecho un nuevo descubrimiento, bueno nuevo, nuevo… tan nuevo como el del Mediterráneo.
Cuando consuelas a otro porque tiene un mal día, te sientes mucho mejor. No importa que creas que tu vida se está desmoronando por momentos o que tengas un nudo en la garganta lleno de lágrimas que se han quedado a vivir allí. Oír como otro se va alegrando por lo que tú le dices estimula tu propia alma y realmente te hace feliz. Será que ver que no estamos solos en nuestras pequeñas desgracias, porque todos tienen las suyas, nos hace sentir bien.
No dejo de sonreír al pensar que no es otra cosa que el “mal de muchos…” y la sonrisa se me convierte en risa, de resignación, sí, pero risa al fin y al cabo. ¡Que mal apaño tenemos los humanos!, nos gusta estar acompañados hasta en la desdicha. Y magia…mi agobio ha desaparecido y ya no me siento infeliz.

REGRESAR

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Cuando uno no está totalmente recuperado no es una buena decisión volver al lugar donde enfermó. Crees porque no toses, porque ya respiras bien y apenas usas el pañuelo que has recuperado la salud… pero es una trampa casi mortal. En cuanto confiada te deslizas por el camino que ya habías recorrido, la ilusión te envuelve como a un niño y la ansiedad regresa con toda su intensidad. Lo único que ha cambiado es que no hay esperanza, es una vía trillada y rápidamente se pasa a la realidad. Las lágrimas te vuelven a empañar la mirada y la tristeza se apodera de tu cuerpo. Al menos la experiencia vale para algo, sabes como salir de esto. Se vuelven a cerrar las ventanas, se tapan los muebles, se cubre la memoria y se sale al campo. El horizonte es el mejor analgésico. A veces el saber si ocupa lugar.

ABANDONADOS

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Llevaba un año de dolorosas separaciones de amigos y me costaba entenderlos. Cuando me contaban sus pesares no salía de mi asombro al oírlos lamentarse apenas de la perdida de la estabilidad en la que se creían inmersos. Ninguno se quejaba de que el amor de su vida los hubiera abandonado. Parecía que con el tiempo el amor de las mariposas se olvidara y nos conformáramos con un amor de compromiso social. Mi casa, mis hijos, empezar de nuevo…Esas eran sus lamentaciones, ¿Realmente era eso por lo que sufrían? Se les veía felices antes de separarse, se intuía su amor ¿por qué no hablaban de él, ahora que ya no lo tenían? Simplemente para no sentir. Es más fácil pensar en lo material, que siempre tiene repuesto, que en los sentimientos perdidos. Se llora en privado, en público disimulamos. Hoy, con otra perspectiva, los he comprendido.

LA FUNCIÓN

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Y llegó otra vez la Navidad y con ella las funciones de los colegios y la aterradora experiencia de fabricar el disfraz que este año le toque al niño. No lo entiendo. Trabajo, cuido de mi familia, lo hago lo mejor que puedo y: ¿Además tengo que realizar la confección de un traje para la que no tengo ninguna preparación? Resignación. Este año nos ha tocado de soldadito. Parece que van a representar El Cascanueces. No sé si ofrecerme yo para tocar la flauta en la obra de la alegría que me ha embargado.

Otra vez el procedimiento de todos los años. Búsqueda en google de fotos del traje, materiales necesarios para su realización, notas, patrones. Compras en la tienda de las telas, en la papelería. Comienza la tarea: cortar, coser, probar, volver a coser, cortar de nuevo, grapar, pegar…

Por fin la función. Es el día del estreno. No ha quedado tan mal, es cierto que otros están más conseguidos, pero no somos de los peores. El niño ha entrado llorando, normal, no le gusta y dice que se van a reír de él. Me ha costado lo mío convencerlo de que va ideal y nadie se va a fijar especialmente en el suyo porque hay muchos y todos igual de vistosos. El salón de actos del colegio parece una jaula de grillos, gritan más los familiares que los propios niños. Calma, no va a durar tanto. En un ratito en la calle y para casa a terminar unas alegaciones que se me han quedado colgadas. Llevo más de dos horas y aún no le ha tocado salir a escena a mi hijo. Mañana madrugón para acabar el trabajo antes de salir para el juzgado. Increíble, somos los últimos. Fotos. Hasta el año que viene.

P.D. Que guapo y que bien lo ha hecho mi niño.

PULGARCITO

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Le fui dejando miguitas de pan para que encontrara el camino y se las fue comiendo mirando para otra parte. No regresó. Le puse entonces una miga grande y también la vio. La engulló como las demás, con una sonrisa pero sin intención de encontrarme. No pude culpar a los pájaros. Triste, miré el camino, eché un vistazo a mi bolsa de migas, ya no me quedaban muchas. Levanté la cabeza y mis ojos se perdieron en el horizonte. No vendría nunca, yo no era su hogar. Equivoqué las señales. Cerré mi puerta, algunas lágrimas recorrieron mis mejillas, con el dorso de la mano las aparté. En algún lugar alguien debía estar dejando un rastro para que yo lo encontrara. Cogí mis cosas y me mudé. Voy de viaje y me gustan las vistas.

EL EQUILIBRIO NATURAL

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¿Es lícito quitar algo porque antes te han robado a ti lo mismo? Pueden ser cosas, animales, personas… Hay multitud de justificaciones, a mi me lo hicieron, no lo sabía, no me di cuenta hasta que ya era demasiado tarde, somos seres libres, me hacía falta…  Llevo toda la tarde pensándolo. Evidentemente en el mismo momento que entramos en la cadena ya no hay excusa. Eres igual que el primero, otro eslabón, igual de responsable que aquel que la originó. Es fácil y cómodo, a veces gratis, otras con coste.  Puede que las consecuencias no siempre sean malas, incluso puede resultar algo bueno del hurto pero la pregunta no es si se obtiene algún tipo de beneficio, la cuestión es si realmente tiene disculpa. Porque yo ya sé que es una mala acción, eso lo sabemos todos. Creo que la respuesta la da “el bonico del tó” Cuando te la hacen hay que devolverla.  Es un sentimiento humano.

Esta mañana me han sisado la antena del coche,  supongo que otro conductor al que le había sucedido lo mismo.

CRÓNICAS DE JUVENTUD

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Y todo empezó en una boda como tantas veces cuenta la tradición. Una niña guapa, deliciosamente vestida, peinada y perfumada para la ocasión y el clásico buitre con algunos años más que ella echándole el ojo. Fatal destino o insuperable relación. ¿Deslumbrada?, ¿conquistada? Pues un poco de todo eso debió de ser. Más sabe el demonio por viejo que por demonio. Claro que también mata moscas con el rabo cuando se aburre.

Según se mire, fue una noche inolvidable, los mejores galanes de telenovela no la habrían preparado mejor, y soy testigo que todo era improvisado o al menos lo parecía.

Les resumo en breve y rápida enumeración las actividades realizadas. Todas después de ser  aconsejados para abandonar el local donde se celebró el evento.

Disculpen si me salto alguna o no recuerdo con detalle los acontecidas, hace ya muchos años y todavía no llegué a la vejez, cuando se evocan mejor los actos de juventud.

Amaneciendo, el desayuno en la churrería, imprescindible en toda noche de fiesta que se precie. Ya con luz clara, vamos de día y con sol, botella de champán, puede que fuera cava, no estaban ya los cuerpos para notar la diferencia, enfriada en fuente típica de la ciudad. No debió refrescarse mucho porque transcurrió poco tiempo entre su inmersión y los brindis. En un estado, no precisamente sobrio, charla animada en plaza típica con estupendas vistas.

El acoso y derribo no paraba, en entusiasta avance tenía casi media conquista lograda. Y pensarán que ya debía ser media mañana y el cansancio habría hecho mella, pero no, ahora venían los fuegos artificiales en monte cercano a la ciudad. Increíble. Eso mismo medité yo, justo cuando empezaba a tener claro que estábamos en manos de un profesional de la seducción. Y en lo alto del llano, con la ciudad a nuestros pies, de ese maletero de coche que más parecía sombrero de mago, surgieron unas cañitas de esas que se lanzan al espacio con una mechita y explosionan con gran algarabía. Créanme, mi paciencia y ganas de juerga estaban llegando a su máxima incredulidad. No así la pobre (o afortunada) destinataria de todas aquellas proezas de la imaginación del don Juan de turno. Aún quedaron fuerzas, hablo por mí, de tomar una cerveza con aperitivo y a las tres de la tarde me rendí. Sí lo confieso. Abandoné a mi amiga en manos e ideas de semejante individuo y me fui a casa a acostarme.

No duró mucho mi bien merecido descanso, a las cuatro y media ya estaba sonando el teléfono para preguntarme como lo habíamos pasado. Esa curiosidad intrínseca a la mujer sobre las experiencias de sus amigas cuando ellas no están sólo me permitió dormir poco más de una hora en tan inolvidable día.

COMPAÑEROS DE VIAJE

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Cuando compras un billete de autobús o tren no piensas en quién se va a sentar a tu lado, te preocupa el horario y la duración de viaje. Sin embargo cuando estás a punto de ocupar tu plaza te asaltan las inquietantes dudas ¿iré sola? ¿Podré cambiarme de sitio si no me gusta el compañero de asiento?

Desde hace un tiempo viajo bastante en transporte público y he desarrollado la teoría de que en el autobús se entablan menos conversaciones que en el tren, creo que es por una cuestión de espacio. Aunque toda conducta es susceptible de sufrir cambios si el viaje va a ser largo y la que lo realiza charla por los codos. En mi último viaje que transcurrió entre varias ciudades, con transbordos incluidos, tuve dos experiencias interesantes.

En el primer tramo fui medianamente afortunada. El asiento contiguo estaba ocupado por un estupendo holandés que no hablaba español. Increíble, podía tener una animada conversación con un hombre simpático y atractivo, al mismo tiempo que practicaba mi anquilosado inglés. Lo que se llama dos por uno. Pero no, la eventualidad hizo su aparición. Aun no me creía mi suerte cuando el conductor abrió el micrófono para comunicarnos que debíamos abrocharnos el cinturón. Y claro demasiada ventura en un autobús, el de mi compañero estaba estropeado y tuvo que cambiarse de asiento. Menos mal que siempre queda el mp3.

El segundo tramo transcurrió tranquilo, viaje sola y creo que incluso me dormí.

A la vuelta tuve suerte dispar. Un tramo otra vez sin compañía y el siguiente… estaba ya conformada y casi feliz por viajar con todo el espacio para mi cuando de repente vi avanzar un hombre oso por el pasillo. No, pensé, no puedo ser yo, pero sí, era el asiento colindante al mío el que estaba buscando. Despacio, sin prisas tomó posesión de su habitáculo, desparramo sus carnes por parte del mío. Encogiéndome me relegué a una esquinita pegadita a la ventana. Con igual parsimonia sacó una bolsa de supermercado de una mochila que había dejado a sus pies. No podía creérmelo, el oso humano iba a proceder a su alimentación en tan reducido espacio. Efectivamente. Extrajo el llamado bocadillo-barra envuelto primorosamente en papel de aluminio y con igual esmero que usaba para todo comenzó a comérselo acompañado de un zumo de uvas, juzgo que exquisito por los grandes y aparentemente placenteros sorbos sonoros que le permitía dar una pequeña pajita.

De nuevo gracias al mp3 y que tenia la ventana para mirar el paisaje pude llegar a mi destino sin traumatizarme demasiado.

EL PERRITO LOLO

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Llevo un rato sentada con un libro junto a la ventana. En frente hay un parque y  he visto pasear a más de veinte perros. Es una aproximación, estaba leyendo y no los he contado uno por uno. Sí lo confieso, la lectura de hoy no me interesaba nada y he levantado la cabeza más de lo recomendable. Al menos hacía un día agradable. Es muy deprimente ver a los pobres dueños con más cara de perro que sus propias mascotas paseándolos bajo la lluvia. Porque claro, el animal que va a entender que hay una época del año que no apetece nada estar dando vueltas con un ser que se para en cada esquina, en cada árbol y en mil un sitios que uno ni imaginaba que existían hasta que él se los descubre. Y una imagen ha traído otra y me he recordado a mí misma caminando con mi perrito.

Hace años tenía un foxterrier. El más bonito del mundo y también el más tontorrón. Con apenas nueve meses cuando llegó la primavera lo llevé a que le cortarán el pelo, no le sentó bien. Se deprimió y decidió que la mejor manera de superarlo era dar saltitos a mí alrededor para que lo cogiera en brazos. Sabiendo que no era de carácter cariñoso, ese repentino acercamiento era una clara evidencia de su descontento. O estaba muy avergonzado por su nueva estética o  temía por su seguridad ahora que su tamaño se había visto seriamente afectado. Me inclino a pensar que esto último era lo más probable. Sus rizos encrespados eran más aparentes que sus siete kilos de peso. Cuando su pelo creció no volvió a mis brazos, genio y figura, había sido una cuestión de supervivencia y conveniencia. Ya no volví a cortarle el pelo.

UN MAL DÍA

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Hoy no tengo muchas ganas de escribir, ni de hablar, ni siquiera de pensar. Hoy es un día negro, bueno quizás sólo gris oscuro que tampoco hay que exagerar. Debería ponerme las zapatillas y caminar al sol hasta que la negrura que impregna mis neuronas se disipara como humo que se lleva el viento. Debería. Pero no tengo ganas. Estoy aquí tecleando, regocijándome en mi propia desdicha, compadeciéndome de mi misma y estudiando si digiero lo que me trae la vida o lo escupo y sigo por otro camino. Y de repente me sobreviene una extraña frase, debo haberla oído hace poco, no le veo otro sentido. “La mujer que tiene dos velas no es tonta sino prevenida”. Pues eso, aunque si son cinco o seis mejor. Nunca se sabe y más vale que sobre que no que falte, ya lo dice el refranero popular. Este pensamiento me parece más positivo. ¿Qué tal si pongo un banquillo entero de suplentes en mi historia? Eso me permitiría estar a salvo de posibles abandonos o lesiones irrecuperables en pleno partido. Creo que he encontrado una reflexión más alegre que realizar en mi paseo. Ahora sí. Me voy a que me dé el aire fresquito de la mañana y el calorcito del sol del medio día. No hay nada como escribir para ver las cosas claras.

PON UN PERROTE EN TU VIDA

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¿Estás enamorada pero no te corresponde?  ¿Sientes que el corazón te duele, un oscuro sentimiento mezcla de ansiedad y desconsuelo te ocupa el estómago? ¿Comes por obligación o por el contrario comes con desesperación cualquier cosa?  No te preocupes. Tiene solución. Necesitas un perrote en tu vida.

Aprovecha este puente, elige el modelito más interesante de tu armario. ¿No tienes nada que te parezca lo suficientemente sensual? ¿No te convence lo que hay en tu ropero? No importa, sal a la calle, pisa fuerte, como si fueras la reina de Saba o e nuestro idioma como si estuvieras más buena que el pan. No es necesario que lo estés, es una cuestión de actitud. Entra en tu tienda preferida y busca lo más bonito, atrevido e irresistible. Cómpralo.  No olvides la lencería, es fundamental para sentirse la estrella. Ya. Lo sé. La ropa interior bonita suele ser incomoda pero piensa que es como un recordatorio constante de tu objetivo. Esta noche vístete con esmero, despacio, sin prisas. Péinate, maquíllate, perfúmate, pon música. No olvides lo principal: eres encantadora, eres hermosa. No desearte es un error. Ya estamos listas.

Cuando llegues al lugar que hayas escogido para encontrar consuelo a tu desamor camina despacio, con la cabeza alta, la sonrisa a flor de piel y deja que las feromonas emanen a su antojo. Ellas se ocuparan del resto. Ahora sólo elegir, los que tienen cara de perrito suelen ser los mejores; son tiernos, cariñosos y casi siempre entrañables. Es lo que necesitas. No olvides que quieres que te mimen, para torturarte ya teníamos al original. Hazlo bien si no estaremos como al principio. El martes me cuentas…  

SUPERMAN

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Tengo una vecina corriente, claro, siendo mujer mi opinión no será tenida en cuenta por el sexo masculino, pero quiero decir con ello que la muchacha no destaca demasiado por ninguna de sus cualidades físicas ni tampoco psíquicas. Este fin de semana sus padres deben haberla dejado sola y la chica ha invitado a su novio, ligue o lo que la muy en su derecho pueda tener. Ha sido una noche inolvidable. Lo digo en serio, me ha dado una pena tremenda no poder ver al sujeto en cuestión, porque palabra de señora mayor experimentada, debía ser superman. El tío ha estado con descansos de media hora, tres cuartos, toda la noche dale que te pego al cabecero con un ímpetu y una fogosidad a ritmo de locura que ya me gustaría e imagino que a muchas haber padecido. Tremendo. En vista de que no podíamos dormir hemos decidido cambiarnos de habitación y esperar mientras charlábamos de experiencias similares aunque he de reconocer no sin cierta envidia sana, que conste,  no tan explosivas.

EL TIEMPO

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Hacía calor y no soportaba secarme el pelo. Decidí ir a la peluquería, ¿cómo puede haber alguien que se relaje en semejante sitio de horrores concatenados? Pregunté, pedí consejo, explique mis necesidades y en un tris tras me vi reflejada en un espejo con toda la cabeza llena de unos extraños tubos de colores llamado bigudís y una bolsa de plástico que los cubría.
Descripción de la situación: olor desagradable y penetrante, aspecto futurista, escozor fuerte en el cuero cabelludo.
Después de desembolsar una significativa suma de dinero, tengan en cuenta que visito poco esos sitios de tortura y no estoy acostumbrada a sus costes, me veo en la calle con toda una cabellera de pequeños rizos flotantes. El olor se viene conmigo. Me relajo y pienso, es temporal, en un par de meses, a lo más tres recuperaré mi pelo liso y podré cepillarme. Continúo caminando y aprecio que el calor es menos intenso cuando el cogote no soporta una manta sobre él.
Llego a casa luciendo melena nueva y espero los comentarios. Pareces Puyol, es el menos mordaz. Al menos hago de talismán para la selección española y esa noche ganamos a Alemania en el mundial.
Hace sólo dos semanas y apenas conservo alguna onda despistada. Ahora con un pelo ni liso ni rizado entro en la categoría de simplemente despeinada. El tiempo todo lo arregla.

Hablando de rizos

las diez y diez

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bonito momento para inagurar este blog de sentimientos abiertos a otros, de dentros hacia fuera, de verdades: BIENVENID@S

Intimar: : introducirse en el afecto o ánimo de uno, estrechar la amistad con él.

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Bienvenido a mis pensamientos, ilusiones, deseos, desatinos, esperanzas, críticas, alegrías, gritos y susurros. No dudes en compartir los tuyos. Un placer conocerte

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